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Enlazando a la China y el Japón

La diplomacia debería ser emprendida por los políticos (…) Pero todos somos humanos, tenemos una humanidad en común, la misma, sea uno ruso o chino. Es importante poder compartir sinceramente ideas sobre la paz, la educación, el mundo. De otro manera, las conversaciones se vuelven puramente políticas, una cuestión de poder, una especulación sobre quién es el débil y quién, el fuerte. De algún modo, tenemos que terminar con ese ciclo destructivo.1--Daisaku Ikeda

Ikeda hace un llamado a la restauración de las relaciones chino-japonesas, durante una reunión de estudiantes en 1968.

Ikeda hace un llamado a la restauración de las relaciones chino-japonesas, durante una reunión de estudiantes en 1968.

El remedio más eficaz para superar los conflictos, desde la perspectiva de Daisaku Ikeda, es el diálogo, algo que todos tiene la capacidad de poner en práctica. Ikeda escribe: “Sin diálogo, los seres humanos se condenan a deambular en la oscuridad de su propio fanatismo dogmático. El diálogo es la lámpara que nos permite despejar esa penumbra; que ilumina y torna visibles los pasos propios y los del otro, y también el camino que ambos transitamos.” 2 El esfuerzo de reunirse y dialogar con la gente ha sido siempre el centro de las actividades de Ikeda; en especial, la construcción de puentes de comunicación donde se erigen muros de recelo y desconfianza.

La experiencia de Ikeda en relación a la China es uno de los ejemplos más claros. En 1968, en una reunión a la que concurrieron veinte mil estudiantes universitarios, Ikeda realizó una audaz propuesta de normalización de las relaciones diplomáticas entre la China y el Japón. Por entonces, los dos países estaban aún técnicamente en estado de guerra, y los sentimientos de oposición a la China y al comunismo se hallaban ampliamente arraigados en todo el Japón. Luego de su discurso, Ikeda recibió violentas críticas, incluso, amenazas de muerte por parte de las facciones de derecha. Él, al igual que su mentor, consideraba la paz con la China un elemento fundamental para lograr la estabilidad de la región de Asia, y veía la reintegración de ese país en la comunidad internacional como algo vital para lograr la paz del mundo. Su llamado contribuyó a crear el entorno propicio para una serie de intercambios políticos con la China, que culminaron con la restauración de las relaciones diplomáticas en 1972. La ardua labor en la sombra que llevó a cabo Ikeda para lograr esa meta está hoy ampliamente reconocida en la China.

Ikeda y su esposa Kaneko conversan con ciudadanos chinos, durante su tercera visita a la China en 1975.

Ikeda y su esposa Kaneko conversan con ciudadanos chinos, durante su tercera visita a la China en 1975.

Jóvenes de la Soka Gakkai con estudiantes chinos en Shangai, 2006.

Jóvenes de la Soka Gakkai con estudiantes chinos en Shangai, 2006.

El compromiso de Ikeda con el establecimiento de relaciones pacíficas con la China tiene su origen en recuerdos de su juventud, cuando su hermano mayor, que había sido reclutado como soldado en la Armada Imperial Japonesa, le relataba con profundo disgusto el tratamiento que el ejército nipón dispensaba al pueblo chino. Durante las primeras décadas del siglo XX, el militarismo japonés dejó hondas cicatrices en países de Asia. El mentor de Ikeda y segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, habló luego apasionadamente con su discípulo sobre la misión de la Soka Gakkai de lograr una paz perdurable en Asia.

Encuentro con el primer ministro chino Zhou Enlai

Aunque muy enfermo, el primer ministro chino Zhou Enlai insistió en conocer a Ikeda (1974).

Aunque muy enfermo, el primer ministro chino Zhou Enlai insistió en conocer a Ikeda (1974).

El compromiso de Ikeda con la normalización de las relaciones chino-japonesas quedó absolutamente claro para la dirigencia política de la China desde un comienzo. En los primeros años de la década de 1960, el primer ministro chino Zhou Enlai pidió a sus colaboradores que aprendieran más acerca de la Soka Gakkai, como movimiento popular emergente dentro de la sociedad japonesa. Zhou adoptó una actitud positiva al enterarse de la propuesta del restablecimiento de las relaciones realizada por Ikeda en 1968. En diciembre de 1974, Ikeda viajó a la China por segunda vez y se reunió en esa oportunidad con el primer ministro Zhou. Pese a que el político chino estaba hospitalizado con un diagnóstico de cáncer terminal, insistió en encontrarse con Ikeda.

Lin Liyun, miembro del Comité Central del Partido Comunista Chino, quien ofició de intérprete en la reunión entre Zhou e Ikeda, recuerda así el encuentro:

“El presidente Ikeda no era el único que estaba ansioso por conocer al primer ministro Zhou; este, pese a que su grave estado de salud no le permitía ver a nadie, hizo un gran esfuerzo para reunirse con el presidente Ikeda. (…) La enfermedad lo había dañado severamente, de modo que el presidente de la Soka Gakkai tomó naturalmente el brazo del primer ministro anciano para darle apoyo. El primer ministro Zhou miró en silencio al presidente Ikeda por unos instantes y luego dijo: ‘Por fin nos encontramos’. En esa mirada muda existía una esperanza implícita de que el presidente Ikeda, con su perspicacia y dinamismo, asumiera un papel de liderazgo en el Japón en años venideros, para promocionar la paz y la buena voluntad entre sus respectivos países. El primer ministro Zhou le encomendó esa tarea. (…) No me cabe la menor duda de que eso fue lo que sucedió entre ambos en aquel momento.” 3

Ikeda ha proseguido en verdad con su apasionada labor en bien de la paz entre la China y el Japón. Los reconocimientos académicos que ha recibido de universidades chinas son un testimonio de sus aportes, como lo son también los más de quince centros de investigación que se han fundado en diferentes casas de estudios superiores de esa nación para estudiar sus ideas y su filosofía.

Ikeda siempre destaca, ante la juventud japonesa sobre todo, la gran deuda cultural y espiritual que ellos tienen con la China y con otros países asiáticos, y los alienta a interiorizarse de las realidades históricas que ensombrecen las relaciones de la nación nipona con sus vecinos. Los jóvenes de la Soka Gakkai han desarrollado activos programas de intercambio internacional, tanto en el plano personal como dentro de la organización.

Ikeda sostiene: “Las relaciones internacionales no deberían limitarse a los planos político y económico. Es absolutamente vital que existan intercambios educativos y culturales que profundicen el entendimiento mutuo entre los ciudadanos comunes de diferentes países. Esa es la razón por la que nos hemos esforzado por abrir un camino para la gente joven, a través del diálogo que acerca a las personas en la dimensión de su condición humana común.” 4 [Leer texto completo]

Sun Pinghua, ex presidente de la Asociación de la Amistad Chino-Japonesa, en una oportunidad destacó lo siguiente sobre la labor diplomática de Ikeda: “El puente dorado erigido por el presidente Ikeda tiene una cualidad peculiar. Cuanto más personas lo cruzan, más sólido de torna”. 5