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Una cultura de diálogo

Ikeda: La cultura y la música, en particular, poseen el misterioso poder para cimentar los vínculos de persona a persona y de nutrir la amistad entre naciones. Usted es autor de muchos libros sobre música. Quisiera citar el siguiente párrafo, que me causó una honda impresión: “La música es nuestra forma más antigua de expresión, más, inclusive, que el lenguaje del arte; comenzó con la voz y con nuestra sobrecogedora necesidad de llegar a los demás”. […]

Menuhin: La música es uno de los poquísimos campos en que no se producen disputas ni peleas. Desde luego, puede haber antagonismos o rivalidad entre artistas individuales. Pero el público se fusiona con el músico. La música enlaza a los intérpretes y al público en unión armónica.

Ikeda: Entiendo a qué se refiere. Por naturaleza, el budismo también une a las personas, en lugar de crear divisiones entre ellas. Usted también señala que la música crea el orden desde el caos. Tengo la seguridad de que un nuevo orden de paz se puede generar a través de la bella solidaridad de personas comunes que aman la música.

Menuhin: Siento lo mismo que usted. (1)

-- Extracto de un diálogo entre el violinista Yehudi Menuhin y Daisaku Ikeda
Ikeda y Sir Yehudi Menuhin (Tokio, 1992)

Ikeda y Sir Yehudi Menuhin (Tokio, 1992)

Ikeda ha consagrado su vida a cimentar la paz mediante el intercambio cultural, reuniéndose y dialogando con personalidades del mundo entero [Ver, Intercambio cultural para la paz: Cuba]. Entre ellas, figuran personalidades del ámbito cultural, tales como el maestro argentino de tango, Osvaldo Pugliese; el bailarín, coreógrafo y director del Ballet de Hamburgo, John Neumeier; el ilustrador y artista británico, Brian Wildsmith; las estrellas del jazz norteamericano, Herbie Hancock y Wayne Shorter; y, escritores como Chingiz Aitmatov de Kirguistán, Wole Soyinka de Nigeria y Ba Jin de China.

Ronald A. Bosco, especialista de filología y literatura estadounidense, en un todo de acuerdo con esta perspectiva de Ikeda, dice lo siguiente en un libro que publicaron juntos, Creating Waldens [La creación de mayores Walden]: “¿Y acaso no es, en definitiva, el verdadero propósito de la conversación? Reunir a individuos de las más variadas extracciones, a través de un diálogo incesante, para que puedan lograr un honesto entendimiento de sus respectivas mentalidades, corazones y aspiraciones, y puedan así trascender las barreras de sus orígenes, educación, política y clase social, que tan a menudo separan a las personas en lugar de unirlas como ciudadanos de una sola raza humana? […] Nuestro propósito, a través de esas conversaciones […] nunca ha sido persuadirnos mutuamente de algún punto de vista en particular, sino compartir nuestros pensamientos acerca de las fuentes de sabiduría espiritual […] que han dado forma a nuestra mente […] y han tocado nuestro corazón”. (2)

Ikeda ha escrito diversos artículos y ensayos sobre sus encuentros con personalidades del mundo, en los que rescata ejemplos de humanismo y esfuerzo creativo de sus interlocutores para compartirlos con un mayor número de personas. El esfuerzo creativo es la esencia misma de la vida. Se trata de la lucha para triunfar sobre las vicisitudes de la vida y expandir las dimensiones de nuestro yo interior de una manera que nos permite cambiar la sociedad y el mundo, que el budismo denomina “revolución humana”.

Ikeda observa: “Sobre la base de la revolución humana que se gesta en una y otra persona, surgirá y crecerá una grandiosa orquesta de humanismo, una sinfonía de amor, compuesta a partir de la paz, la cultura y la educación. Este es el movimiento que buscamos promover desde la SGI, sobre el cimiento de la verdadera enseñanza budista”. (3)