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Brian Wildsmith

Creador de un mundo de sueños, magia y esperanza

[Este artículo de Daisaku Ikeda fue inicialmente publicado en el diario Seikyo Shimbun del Japón, el 21 de mayo de 1995.]

“Felicidad. Los niños necesitan verse rodeados de amor y de seguridad”,

La familia Wildsmith con Daisaku y Kaneko Ikeda (Tokio, 1991)

La familia Wildsmith con Daisaku y Kaneko Ikeda (Tokio, 1991)

me respondió Brian Wildsmith, el célebre ilustrador británico de libros infantiles, cuando le pedí su opinión sobre lo que los niños realmente aspiran. “Por cierto, el significado de la felicidad se va modificando a medida que crecen”, continuó diciendo. “Pero existe una fuente de felicidad que nunca cambia, más allá de la edad: la creatividad”.

La gente compara sus dibujos con “rayos de sol que manan de las páginas”. Cada imagen es una increíble sinfonía de colores, elaborada de manera refinada y minuciosa. Cada vez que observo su obra, comprendo la verdad del dicho “El arte nace del amor”.

Todas las ilustraciones de Wildsmith vibran de calidez y de vida. Las entidades vivientes - árboles y flores, gente, pájaros y otros animales - resplandecen con el dichoso hálito de la vida. Los cielos, mares, casas y paisajes que surgen de su mano están bañados por una luz suave y nostálgica, que brota del amor y el afecto que hay en su corazón. Cuando lo conocí, quedé conmovido por su naturaleza pura y por su genuino interés por los niños.

Wildsmith destaca que, en una sociedad ya desbordada de productos materiales y de información, los niños se acostumbran a obtener lo que desean, cuando lo desean. Han perdido la alegría del descubrimiento y su capacidad creativa. Mediante el poder del arte, el ilustrador británico ha consagrado su vida a contribuir que los pequeños exploren su potencial.

Se atribuye a Wildsmith una revolución en el rubro de libros ilustrados para niños. Cuando se publicó su primer trabajo, muchos se preguntaron si esas imágenes tan artísticas y refinadas llegarían a atrapar la atención de los más chicos. Pero en realidad no hubo de qué preocuparse: estos se mostraron encantados. Disfrutaban mirado las ilustraciones y se sentían impresionados por la belleza de las imágenes.

Hay un verdadero poder en la excelencia genuina, pues sólo ella puede inspirar a otros a producir algo excelente. Wildsmith está firmemente dedicado a crear imágenes que estimulen en los niños el aprecio por la belleza del mundo.

Cuando el ilustrador visitó Japón en 1989, una alumna de primaria le manifestó cuánto le gustaban sus dibujos diciendo: “¡Qué lindo son los pececitos!, mucho más lindos que los que están en la enciclopedia”. Wildsmith agradeció a su pequeña admiradora y le explicó: “Yo uso los colores que me gustan. Cuando pinto un pez, lo hago como a mí me gustaría que fuera. Lo mismo hago con los árboles. No me importa si no tienen el color de las fotografías. Pinto lo que veo con los ojos y lo que siento en el corazón. Tal vez fue eso lo que te pareció ‘lindo’. Me alegro mucho”.

Se cuenta que una persona que estaba contemplando una pintura del célebre artista británico J. M. W. Turner (1775-1851) le dijo a este que era imposible que el crepúsculo que se veía en la imagen pudiera ser real. A lo que Turner respondió: “Sí, ¿pero no le encantaría que fuese así?”. Si no vemos las cosas con el corazón, en rigor no podemos ver nada. Pero si contemplamos el mundo con un sentimiento de amor por la vida, este se nos revelará en toda su belleza.

Todo es un canto a la vida en las ilustraciones de Wildsmith, que parecen proclamar: “Yos soy una hermosa criatura viviente; tu vida también es preciosa”. Cada vez que miro las imágenes del artista, confirmo que incluso el más ínfimo detalle de nuestra existencia es algo prodigioso. Cuando somos conscientes de que cada momento, cada gesto o cada paso que damos, todo lo que decimos u oímos es algo verdaderamente místico y pleno de maravillas, podemos vivir con mayor atención y juicio. Y también, profesar un mayor respeto y aprecio por la vida de los demás.

La vida trata de dar sustento a la vida. Recuerdo haber leído una anécdota que Wildsmith narró sobre el perro de su familia, Vanic. Cuando Vanic se enfermó de cáncer cerebral, un perro vecino llamado Sheriff comenzó a visitar la casa cada mañana y aullaba hasta que le permitían ver a su amigo enfermo. Una vez que lo dejaban entrar, Sheriff se sentaba al lado de Vanic y lo lamía de cabo a rabo, tratando de curarlo. Se negaba a alejarse de él hasta que caía la noche; así siguió devotamente al lado de su amigo, hasta que este finalmente murió. (1)

Tres cuentos para niños de Ikeda ilustrados por Wildsmith

Tres cuentos para niños de Ikeda ilustrados por Wildsmith

En los libros para niños que escribí, como El cerezo y El príncipe del país nevado, también intenté comunicar el gran amor que colma el universo. Me siento sumamente feliz de que Wildsmith se haya solidarizado con el mensaje de mis relatos y haya contribuido con ellos a través de sus extraordinarias ilustraciones.

Al hablar de un gran amor, viene a mi mente la fortaleza de la esposa de Wildsmith, Aurélie, quien le ha prestado un apoyo inmenso a lo largo de los años. Cuando recién se casaron, Wildsmith trabajaba como profesor de arte durante el día, y diseñaba cubiertas para libros por la noche; y muchas veces se la pasaba sin dormir. Aurélie le sugirió entonces que renunciara a su trabajo diurno y se concentrara en lo que realmente le gustaba hacer. Pese al temor de no procurar el sustento para ambos, con el respaldo de su esposa, Wildsmith decidió finalmente hacer lo que le dictaba su corazón. Solo después de que su esposo hubo dejado su trabajo como maestro, Aurélie le comunicó que estaban esperando su primer hijo. En su autobiografía, Wildsmith escribe: “Aurélie es una persona generosa; ella sabía que, si me enteraba de que estaba encinta mientras aún tenía aquel empleo, yo habría seguido enseñando por mucho más tiempo del que podría soportar, por temor a la inestabilidad económica. Tal como estaban las cosas, ella hizo lo inimaginable para brindarme felicidad, y creo que aún lo hace”. (2)

La historia del primer encuentro de ambos tiene la dulzura de un cuento de hadas. Wildsmith, de diecisiete años en aquel entonces, se encontraba haciendo unos esbozos de unas estatuas antiguas pertenecientes a una magnífica y vieja mansión construida sobre un lago. De pronto, una jovencita con la cara llena de pecas se asomó por sobre los hombros del joven y observó con detenimiento lo que este estaba dibujando. Luego hojeó su cuaderno con una sonrisa de aprobación. Un amor que duraría para siempre nació en ese preciso momento.

Uno de los libros infantiles que Wildsmith escribió e ilustró es Carrusel. Trata de una niñita llamada Rosie, a quien le encantaba dar vueltas en la calesita durante la feria anual. Pero un invierno, Rosie se enferma. El médico que la ve afirma que es importante que ella tenga esperanza para poder recobrarse. Su hermano, Tom, habla con todos los amigos de la niña, y juntos deciden realizar algunos dibujos para alentarla.

Rosie recibe toda clase de dibujos: el trono de un rey, un canguro, un unicornio. Cada uno de los dibujos es una figura del carrusel que Rosie tanto ama. Tom, por su parte, le entrega una caja de música con la forma de un tiovivo. Un súbito anhelo por su paseo preferido surge desde lo profundo de Rosie. Esa noche, ella sueña que da vueltas en el carrusel a través de un cielo lleno de estrellas. Y las alas de la esperanza brotan en el corazón de la chiquilla. Tal es la clase de mensaje de Wildsmith ilustra en sus libros.

Además, él sigue enviando dibujos a sus amiguitos, los niños del mundo, que necesitan tener esperanzas y sueños. Debido a su preocupación ante el retroceso de los estándares educativos, Wildsmith accedió con entusiasmo a mi propuesta de sembrar “buenas semillas” en el corazón de los más pequeños. “Cubramos el mundo con un bosque de espléndidas personas, nacidas de esas semillas”, afirmó. “Si cuidamos con paciencia esos árboles, los nutrimos y los protegemos, podremos sin duda crear un paraíso en la Tierra”.

Para conmemorar nuestro primer encuentro, Wildsmith me obsequió un hermoso dibujo. En el centro de la imagen, hay un enorme elefante. Sentado sobre su lomo, hay un león; sobre el león, un leopardo; sobre este, un oso; sobre el oso, una niña que trata de alcanzar una estrella. El autor escribió en el dibujo: “Espero que, juntos, inspiremos a los niños a llegar hasta el cielo y a alcanzar su propia estrella”. Tal es la convicción que anima toda la labor de Wildsmith.