header
a+ a- print

El corazón de la educación humanística

[IKEDA, Daisaku: Seikyo Shimbun, Tokio, 18 de diciembre de 1999. Publicado con el seudónimo literario de Ho Goku.]

“El noventa y ocho por ciento de lo que soy hoy lo aprendí de mi mentor”, esa fue la enérgica declaración que hice en mi alocución titulada “Reflexiones sobre la educación para formar ciudadanos del mundo”, realizada en el Instituto de Educadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, en junio de 1996. Quería transmitir el profundo significado de lo que llamé “Universidad Toda”, un sistema basado en el principio de que son las personas quienes forjan a las personas y que la esencia misma de la educación humanística yace en la relación entre el maestro y el alumno.

Creo que no es exagerado decir que las enseñanzas grabadas en mi mente juvenil fueron gotas preciosas de la maravillosa medicina de la sabiduría. Mientras estudiaba al lado de mi mentor, decidí que mi misión como discípulo sería expandir esa rica simiente que recibía del señor Toda, y mi desafío, ver cuán lejos podría llegar en un vasto océano de valor infinito.

*

Utilizábamos los textos más importantes de famosos eruditos, los mismos que se usaban generalmente en las universidades japonesas. Por ejemplo, tuve que leer Keizaigaku Nyumon (Introducción a la Economía) de Kanae Hatano, publicado en 1950 por Nihon Hyoronsha; Hogaku Genron (Estudios básicos de Derecho) de Kojiro Wada, publicada por Keibundo Shoten, en 1948; Kagaku (Química), Chikyu to Tentai (La Tierra y los planetas) y Seimei (La vida), todos de F. Sherwood Taylor; también parte de su completo libro The World of Science (El mundo de la ciencia), traducido por Toshiaki Shirai y Raikichi Kuwaki, publicado por Kawade Shobo, en 1953; Shiryo Nihon Shi (Fuentes de la historia japonesa) de Eiichi Ozawa, Hiroshi Takai y Yasumasa Oda, publicado en 1952 por Shimizu Shoin; Sekai Shi (Historia del mundo) de Toshitaka Yada, publicada por Yuseido, en 1954; y Seijigaku (Ciencia Política) de Yasuzo Suzuki, publicado por Seirin Shoin, en 1955. Todos estos libros, de los cuales tengo gratos recuerdos, están ahora en la Colección Ikeda de la Biblioteca Central de la Universidad Soka.

*

Cuando abrí uno de esos textos, Chikyu to Tentai (La tierra y los planetas), estas palabras parecieron saltar de la página:

... la cantidad de estrellas supera 1015, de modo que, si este número es correcto, podríamos esperar que existan diez millones de estrellas con planetas dentro del alcance de nuestros telescopios. Sólo una pequeña proporción de planetas tienen aire, agua y una temperatura apta para que las moléculas complejas pueden existir y ejecutar los intrincados cambios característicos de la materia viva. Pero si sólo uno de cien planetas llenara estas condiciones, podrían existir cien mil tierras capaces de sostener la vida. (1)

Este pasaje fue una parte muy importante de la clase de astronomía. Complacido por el hecho de que el enfoque coincidiera perfectamente con sus propias ideas, el señor Toda dijo: “En el universo existen muchos, muchos planetas similares a la Tierra. A esto aluden las escrituras budistas cuando dicen ‘tierras en otras direcciones’”. Mi joven corazón danzó ante el modo dinámico y destrabado en que relacionaba el Budismo con la ciencia moderna.

Nichiren Daishonin declaró: “Los budas de las diez direcciones se reunirán en multitud y llenarán las tierras al este, oeste, norte y sur, en las ocho direcciones, el sistema mayor de mundos y los cuatrocientos mil millones nayutas de tierras”. (2) Un antiguo texto define un nayuta como diez a la sexagésima potencia (1060), en otras palabras, un uno seguido por sesenta ceros. Esta es una clara afirmación de que, más allá de nuestro sistema solar y de nuestra galaxia, existen un número infinito de “tierras de buda”.

El Budismo enseña que el cielo, la Tierra, el Sol, la Luna y el número infinito de estrellas están sujetos a las fases que van del nacimiento a la muerte. La aparición y desaparición de las estrellas; la formación, permanencia, decadencia y desintegración de galaxias; todos esos fenómenos que se producen en gran escala fueron uno de los principales tópicos de estudio. Con frecuencia, hablábamos de la interrelación del universo y la vida. “La actividad humana —decía el maestro Toda— jamás puede escapar a la rítmica ley del universo. El Budismo de Nichiren Daishonin la enseña en el nivel fundamental, como una realidad verdadera, desde la perspectiva de la vida. Si comprenden esto [que la actividad humana está gobernada por esa ley], se darán cuenta de que son uno con el universo, y éste es uno con ustedes.”

*

Dieciséis años atrás, el 26 de noviembre de 1983, me encontré con el doctor Gerald Carr, el comandante del Skylab 4. Dijo que su experiencia le había enseñado que, aunque ocurren muchas cosas en el espacio, existe un orden estricto en las actividades, y agregó que ese orden es la universalidad que comparte toda la humanidad. Jamás olvidaré su penetrante y consciente observación.

Cuando le pregunté si él pensaba que existía vida inteligente en algún otro lugar del universo, contestó que existía una gran posibilidad de que la hubiera. Luego, con un toque de humor, agregó que si existían formas de vida más avanzada que la nuestra, sin duda ya estarían observándonos, porque la Tierra “hace mucho ruido”.

La aventura de la exploración espacial abre nuestra mente e imaginación a posibilidades tan ilimitadas como el vasto cielo. También nos traerá un sentido de unión, conducente a la cooperación y la coexistencia.

Precisamente el otro día (29 de noviembre), el descubrimiento de seis nuevos planetas, fuera del sistema solar, atrajo una gran atención. Vivimos en una época en la que la posibilidad de civilizaciones más allá de la Tierra será fuente de nuevas emociones. Por fin, estamos ingresando en el tiempo en que lograremos la armonía y la unión como ciudadanos globales con un destino compartido, tal como lo vaticinó el señor Toda.

*

El maestro Toda insistía en la necesidad de poner el acento en la enseñanza de la astronomía. ¿Por qué? Porque su estudio nos permite tomar consciencia de que vivimos todos juntos en un planeta pequeño, pequeño, y despierta en nosotros un sentimiento de amor fraterno y un loable afán de paz.

En 1993, me encontré con el doctor Robert Jastrow, director del Instituto y Observatorio Astronómico Monte Wilson de Pasadena, en California. Como resultado de ese diálogo, las escuelas Soka de segunda enseñanza elemental y superior de Tokio y de Kansai están ahora unidas a aquel instituto por una computadora, lo que permite a nuestros estudiantes observar los planetas mediante el telescopio del observatorio. Además, la escuela Soka de segunda enseñanza elemental y superior de Kansai ha sido elegida como una de las dos primeras escuelas japonesas en participar en un programa educativo desarrollado por la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos), utilizando fotografías de la Tierra tomadas durante las misiones de los transbordadores espaciales.

Cuando el astronauta japonés Mamoru Mori vuelva al espacio exterior el próximo mes, en el transbordador Endeavor, nuestros estudiantes empezarán sus observaciones y experimentos. El Endeavor, cuyo despegue está programado para el 13 de enero de 2000, realizará el primer vuelo espacial del nuevo milenio y llevará consigo las esperanzas y los sueños de nuestros brillantes jóvenes líderes del siglo XXI.