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El mundo necesita una cultura global en derechos humanos

[Entrevista realizada a Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, por la agencia noticiosa IPS. El artículo fue publicado en la página electrónica de IPS, el 28 de marzo de 2008.]

NACIONES UNIDAS, Marzo 28 2008 (IPS) – Ante la celebración del 60.º aniversario de la histórica Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por las Naciones Unidas, la Soka Gakkai Internacional (SGI), con sede en Tokio, exhorta a celebrar una conferencia internacional sobre educación en derechos humanos.

La SGI, organización no gubernamental (ONG) con más de doce millones de miembros en más de ciento noventa naciones, dice que dicha conferencia deberá estar centrada en los grupos de la sociedad civil.

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, reconoce que los asuntos relacionados a los derechos humanos han sido tradicionalmente asumidos, como deben serlo, mayormente por los gobiernos, y señala: "Pero los esfuerzos no deben terminar ahí".

"En definitiva, debemos establecer una cultura global en derechos humanos, que sea practicada conjuntamente por todas las personas y que esté cimentada en la realidad cotidiana de la gente", dice Ikeda, quien también es filósofo budista, escritor y promotor de la paz.

Cuando se le preguntó si su país de origen apoyaría tal sugerencia, Ikeda sostiene: "Sí. Espero que Japón y otros gobiernos brinden su apoyo político a una conferencia así. A la vez, albergo expectativas en la función que puede cumplir la sociedad civil".

En la entrevista realizada por Thalif Deen, jefe de la oficina ante la ONU de IPS, Ikeda afirma que varios gobiernos han presentado el tema de la educación en materia de derechos humanos ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra y han manifestado su interés en la celebración de la conferencia.

Ikeda añade: "Ese tipo de apoyo es bienvenido; pero, a la vez, es importante que la naturaleza esencial de la conferencia, es decir, que es una iniciativa de la sociedad civil, no se pierda".

En su "propuesta de paz" anual publicada en enero de 2008, Ikeda urge a asumir compromisos concretos, de manera conjunta a nivel internacional, en relación a asuntos globales como el desarme nuclear, la desmilitarización, la eliminación de la pobreza y el hambre, el empoderamiento de los jóvenes y la protección del medio ambiente.

A continuación, se presentan fragmentos de la entrevista:

Internet Press Service: Si bien la Guerra Fría terminó hace dos décadas, el mundo sigue lidiando con un número creciente de conflictos, en el interior de las naciones y entre ellas. ¿Por qué razón la comunidad internacional, y, en especial las Naciones Unidas, no han logrado establecer una paz mundial duradera?

Daisaku Ikeda: Es claro que las Naciones Unidas tienen sus limitaciones, motivo por el cual recaen sobre ellas numerosas críticas. Pero el hecho es que la ONU es el único foro permanente para el diálogo sobre cuestiones globales del que participan virtualmente todos los países de la Tierra. Por ello siempre exhorto en mis propuestas que la ONU se sitúe en el centro de los esfuerzos para construir un mundo pacífico. Debemos evitar a toda costa repetir la tragedia de una conflagración mundial, como sucedió dos veces en el siglo XX.

En cuestiones como la asistencia a los refugiados, la solución de conflictos y la consolidación de la paz después de los conflictos, la ONU ha sido siempre el terreno de esfuerzos silenciosos, prácticamente ignorados, destinados a la creación de lo que podríamos llamar una red de seguridad global. Si dichas funciones se perdieran, el sufrimiento de la población mundial se acrecentaría enormemente.

Hace algunos años, cuando me reuní con el secretario general de las Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali, ambos analizamos el hecho de que, en relación con las expectativas y cargas que se depositan en el organismo, la ONU solo recibe un apoyo insignificante. Dicho de otro modo, la ONU no es por naturaleza una institución incapaz. Por el contrario, lo que carece de fuerza es la voluntad de la comunidad internacional de trabajar a través de las Naciones Unidas para resolver los problemas. Y esa falta de voluntad es lo que tiene una influencia negativa en la capacidad de funcionamiento del organismo.

Por mi parte, he tratado de contribuir a la creación de un mejor y más estable entorno para las Naciones Unidas, instando a los diversos líderes con los que me he reunido a ofrecer un mayor respaldo al organismo. Esa es también una razón por la que mis propuestas de paz destacan los logros de la ONU y sugieren nuevas maneras de trabajar a través del sistema de las Naciones Unidas.

Los miembros de la Soka Gakkai Internacional (SGI) cooperan regularmente con las agencias de la ONU y con otras ONG para crear conciencia sobre cuestiones relativas al desarme y al medio ambiente, y asimismo, para promover una ética de ciudadanía global. Nuestra postura no es la de simples observadores, que solo verifican si la ONU tiene éxito o no. Deseamos, por el contrario, concentrarnos en desarrollar un sentido más auténtico de responsabilidad: ¿qué podemos y que debemos hacer para contribuir a un desempeño eficaz de las Naciones Unidas?

Gandhi solía decir que la bondad viaja a paso de tortuga. Solo deplorar las deficiencias de la ONU o adoptar una postura cínica sobre la dura realidad del mundo no conduce a nada. Lo que importa es el esfuerzo sostenido para construir la clase de solidaridad ciudadana que se convierta en una fuente constante de apoyo a las actividades de las Naciones Unidas. La experiencia y el buen juicio que logran muchos países y comunidades diferentes, al trabajar en conjunto a través de la ONU, son inmensamente valiosos. Estoy convencido de que, en siglos venideros, ese será el tesoro más grande que nuestra generación haya otorgado a la humanidad.

IPS: ¿Es imperioso abordar un diálogo entre naciones para ponerles fin al creciente fanatismo y la intolerancia que hoy proliferan en el mundo?

DI: Es imposible contener y mucho menos solucionar mediante el poder duro, como la fuerza militar, las amenazas que generan el extremismo y la intolerancia. Por otro lado, la disposición a hablar, especialmente si se limita a una sola de las partes, no puede por sí sola conducir a una solución inmediata. La vida no es tan sencilla. La verdad es que, en algunos casos, parecería que no hay un interlocutor con quien dialogar o que la carga del pasado hace que el intercambio sea imposible.

Sin embargo, aunque en apariencia haya razones que lo justifiquen, recurrir a la violencia y a la fuerza, en última instancia, no resuelve nada. El odio de una generación se reproduce en la siguiente, y el conflicto se arraiga más profundamente y se prolonga cada vez más. A menos que podamos romper con esos ciclos de odio y de venganza, las raíces de la violencia nunca desaparecerán. Creo que, por más difícil que pueda ser, los esfuerzos valerosos y constantes para dialogar son el único medio para superar el extremismo y la intolerancia entre las personas.

IPS: ¿Confía usted realmente en que algunos o la mayor parte de los objetivos que expresa en sus propuestas de paz puedan lograrse en la próxima década o durante esta generación?

DI: El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, de cuyo fallecimiento se cumplen cinco décadas este año, solía decir a menudo que su compromiso era eliminar la palabra "sufrimiento" del vocabulario humano. Considero al señor Toda mi mentor en la vida, y la determinación de concretar su sueño es la base de mis propios esfuerzos. Las propuestas de paz son parte de esa labor. Hay millones de personas en el mundo que sufren el impacto de las guerras y de los conflictos, de la pobreza y el hambre, de la destrucción ambiental. Mis propuestas se basan en el deseo de que esas personas se empoderen para transformar y superar los sufrimientos que padecen en su vida.

No soy político y tampoco especialista en la materia. Estoy seguro de que faltan muchas cosas en mis propuestas. Sigo escribiéndolas y publicándolas en mi condición de ciudadano individual, con la esperanza de que puedan ayudar a profundizar el debate sobre cuestiones de importancia crítica y contribuir a la búsqueda de una salida para nuestros actuales dilemas. Y existen numerosas ideas, como el Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible, que se han concretado con la cooperación de otras ONG e importantes agencias de la ONU.

Tengo una fe profunda en la capacidad de la gente joven. Creo que no existe nada que los integrantes de la juventud no puedan llevar a cabo, ni realidad que no puedan cambiar, si ponen su determinación en ello. Al escribir mis propuestas, mi esperanza más grande, mi decisión y compromiso es sembrar las semillas del cambio en el corazón de la gente joven.

[La presente versión en español ha sido traducida por la SGI con autorización de IPS.]

(END/2008)