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Oposición a la guerra

“La guerra es atroz e inhumana. Nada es más cruel, nada es más trágico.” 1 --Daisaku Ikeda

Artículo para The Japan Times: El Tratado de Prohibición de Armas Nucleares ofrece la oportunidad de un mundo libre de armas nucleares

Tokio, después de un bombardeo (marzo de 1945)

Tokio, después de un bombardeo (marzo de 1945)

La dedicación absoluta a la paz por parte de Daisaku Ikeda nació ya en él desde niño, al experimentar la tragedia y el horror de la guerra en el Japón militarista, durante la Segunda Guerra Mundial. Con frecuencia, Ikeda ha escrito sobre el impacto punzante que provocó en él esa vivencia, en especial, cuando tuvo que presenciar cómo sus vecinos perecían bajo los bombardeos y escuchar detalles de la crueldad del ejército japonés con civiles chinos de su hermano, que había sido reclutado; debió también sufrir la muerte de ese hermano y ser testigo de la lucha de su madre bajo el peso de ese dolor. Ikeda ha escrito, también, acerca de la profunda ira que albergó entonces hacia los líderes políticos, cuya arrogancia insensible había desencadenado un intenso sufrimiento a innumerables personas.

“Innumerables jóvenes de mi generación fueron incitados por el gobierno militarista a marchar orgullosamente al frente de batalla y entregar su vida”, escribe Ikeda. “Las mujeres de las familias que quedaban atrás eran elogiadas por su sacrificio como ʻmadres militaresʼ, algo que suponía un gran honor. ¡Pero en realidad, lo que se agitaba en la profundidad de los corazones maternos era un tumulto devastador de pesar, dolor y miseria! El amor de una madre, la sabiduría de una madre son demasiado grandiosos para caer bajo el engaño de frases vacías como ʻpor el bien de la naciónʼ”. 2

Josei Toda

Josei Toda (1900-1958)

Josei Toda (1900-1958)

Poco después de la guerra, el joven Ikeda conoció a Josei Toda (1900-1958), segundo presidente de la Soka Gakkai, a quien Ikeda habría de considerar su mentor en la vida. Una de las razones por las que Toda produjo una gran impresión en él fue que aquel había estado en prisión durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su oposición al gobierno militarista del Japón. Ikeda ha escrito acerca de su profunda desilusión y disgusto cuando los dirigentes japoneses y formadores de opinión, de un día para otro, se habían convertido de entusiastas defensores de la causa militarista en paladines de la democracia. Por fin, había encontrado alguien en quien confiar.

Josei Toda había sido enviado a prisión junto con su propio mentor, el presidente fundador de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944). Makiguchi murió en prisión en 1944, hecho que afectó terriblemente a Toda y encendió en él una ira ardiente contra la guerra y el militarismo. Estaba convencido de que lo único que podía prevenir el resurgimiento de esa tendencia política era que la gente común se fortaleciera y extrajera su sabiduría dentro de las realidades de la vida cotidiana. En definitiva, él supo que eso requería un movimiento espiritual que se difundiera entre la gente, para transformar los impulsos negativos de la desconfianza y la violencia en el interior de las personas.

Ikeda comprendió la visión de Toda y se consagró completamente a hacerla realidad.

Abolición nuclear

Linus Pauling, laureado con el Premio Nobel de la Paz, e Ikeda, en Los Ángeles, 1990

Linus Pauling, laureado con el Premio Nobel de la Paz, e Ikeda, en Los Ángeles, 1990

En 1957, ante una gran cantidad de jóvenes de la Soka Gakkai que se hallaban congregados, Josei Toda pronunció un recio discurso en el que condenó las armas nucleares y a cualquiera que con su uso amenazara “el derecho a la vida de la humanidad”. Afirmó que las armas nucleares eran la manifestación del aspecto más oscuro y demoníaco del espíritu humano, y declaró que les cabía a los jóvenes de la Soka Gakkai la misión de trabajar para su abolición.

Ese llamado se convirtió en la base del movimiento de la SGI por la paz global, dentro del cual la abolición de las armas nucleares reviste la máxima importancia. A lo largo de los años, Ikeda ha presentado numerosas propuestas en las que se detallan acciones para lograr un mundo libre de armas atómicas y ha colaborado con personas y organizaciones orientadas hacia ese mismo fin. En 1998, la SGI recopiló trece millones de firmas en apoyo de la petición global “Abolición 2000” presentada ante la ONU. Ha organizado exhibiciones antinucleares a gran escala, que han recorrido el mundo. Ikeda ha publicado diálogos con figuras laureadas con el Premio Nobel de la Paz, como Linus Pauling y Joseph Rotblat, con quienes explora la cuestión de las armas nucleares.

De acuerdo con la visión de Ikeda, es vital, dentro de las acciones que se llevan a cabo por la abolición, estimular entre los ciudadanos comunes la voluntad y la certeza de que es posible lograr ese objetivo. Ikeda escribe: “La paz es una competencia entre el desaliento y la esperanza, entre la imposibilidad y la persistencia sostenida. (…) Pero, así y todo, fueron los seres humanos quienes crearon esos instrumentos demoníacos de destrucción. Por ende, no puede entonces estar más allá del poder humano la posibilidad de eliminarlos”. 3


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