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Oda a la paz, cimiento de la felicidad perdurable

[IKEDA, Daisaku: Seikyo Shimbun, Tokio, 30 de abril de 2007. Publicado bajo el seudónimo literario de Shin’ichi Yamamoto.)]

Para vivir con esperanza,
necesitamos tener paz.
Para tener vidas dichosas,
debemos impedir la guerra,
a toda costa.

El propósito de la existencia
es ser feliz.
El propósito de la existencia
es combatir y vencer
la negrura del sufrimiento.

Los que infligen
sufrimiento y dolor a los demás
son infelices por dentro.
Mas los que triunfan
sobre sí mismos
conquistan la felicidad.

Yo también
soy de los que avanzan
al ritmo de la esperanza:
¡avanzo
con deleite y vigor!
¡No seré vencido!
¡No me rendiré!

Hay algo
más vasto aún
que el extenso firmamento:
¡mi vida!

Hay algo
más profundo
que el océano insondable:
¡tu vida!

Hay algo
más preciado
que la opulenta riqueza
del orbe infinito:
¡nuestra vida!

Por eso,
no permitamos
los actos aberrantes
que la vida lesionan:
luchemos con bravura
contra las fuerzas tenebrosas
que buscan destruirla.

Nada es tan brutal
como la guerra.
Nada es tan cruel…

¿Cuántas lágrimas
han derramado las madres?
¿Cuántas juventudes
han sido tronchadas?
¿Cuántos niños
vieron enmudecer
su risa cristalina?

¡Cambiemos la historia!
¡Transformemos la época!
¡Acerquemos a los pueblos!
Si llega el invierno,
¿podrá faltar mucho
para que llegue el calor vernal?
Es hora de entonar
a viva voz
un himno a la primavera de la paz.

Cuanto más negra es la oscuridad,
más se aproxima el día…
Es hora de tañer,
con todas nuestras fuerzas,
las campanas que anuncian
la aurora de la paz.

En el cielo hay caminos,
caminos de aves,
por donde ellas echan a volar.
En el mar hay senderos,
senderos de peces,
por donde se lanzan a nadar.
En el cielo hay rutas,
órbitas celestes,
por donde transitan los astros.
Y también hay una vía,
la de los principios humanos,
que los hombres debemos respetar.
Esa vía no es más
que el recto camino de la paz.

Comencemos
por aquello que podamos hacer.
Avancemos,
aunque sólo sea un palmo.

¡Escalemos esa montaña,
crucemos este río!
¡Lancémonos a campo traviesa
y remontemos las sierras!
¡Corramos a ese pueblo
y dialoguemos con los amigos!

¡Nunca nos ha de faltar
la luminosa confianza
de que, algún día,
magníficos amigos de pensamiento afín
seguirán las sendas
que hoy abrimos!

¡Si no tienen esperanzas,
háganlas surgir!
Si el mundo que los rodea
es siniestro,
¡sean ustedes el Sol
que lo ilumine!

La felicidad
no es algo que debamos perseguir.
Es ella la que nos alcanza
cuando vivimos
con valentía y tenacidad.
De la misma manera,
la paz llega a los seres humanos
cuando vivimos basados
en sabiduría y en firmes principios.

La paz
no es algo lejano.
Paz es cuidar y valorar
a cada persona.
Es brindar alegría
a nuestra madre,
y no hacerla sufrir nunca.
Es salir al encuentro
de los que son distintos.
Es tener la sabiduría
de buscar el acercamiento
después de una disputa.

Y es proteger
nuestro hermoso ambiente natural.
Es fomentar
una cultura exuberante.
Es negarnos a construir nuestra dicha
sobre la desventura de los semejantes.
Es compartir con los demás
sus pesares y sus dichas.

Los que pueden
hacer felices a sus amigos
son expertos en el
arte de la felicidad.
Los que pueden
expandir la paz en sus comunidades
son embajadores de la paz.

Parte de la lucha por la paz
es negarse a tolerar
la prepotencia.
Parte de la lucha por la paz
es negarse a aceptar
la discriminación.
Parte de la lucha por la paz
es no condonar
las calumnias y mentiras.
Parte de la lucha por la paz
es poner límite
a la arrogancia del poderoso.
La esencia de la contienda
por la paz
es repudiar absolutamente,
rotundamente,
la violencia
en cualquiera de sus formas.

No permanezcan en silencio.
Hablen con valor.
La paz se propaga
allí donde resuenan
las voces en el canto.
La paz se ahonda
mediante el diálogo de amistad.
La paz perdura
cuando queremos aprender
el uno del otro.

La lid entre la felicidad
y la desdicha
es la historia misma
de la existencia humana.
La lucha entre la guerra y la paz
es la historia misma
de la humanidad.
Y el poder de la verdad y la justicia
para lograr la eterna victoria
yace en cada uno de nosotros.

Alguien sabio dijo, una vez:
“¡Cuando no sepas qué rumbo escoger,
elige el del mayor desafío!”.
Las dificultades
cultivan nuestra templanza.
Los problemas nos motivan
a ser más sabios.
El dolor nos vuelve
compasivos con los demás.
Y así, los que más han sufrido
pueden llegar a ser los más felices.

Las flores sonríen.
La brisa murmura dulcemente,
y la Luna vela por nuestro bien…
La vibrante energía
de un espíritu fuerte y auténtico
conquista la amistad del universo
y convierte a cualquiera en aliado.

¡Niños del mundo!
El planeta es uno solo.
Somos todos hermanos
de una misma familia global:
¡vivamos juntos, entonces,
en paz y en armonía!

¡Vamos,
avancemos hacia el mañana…!
Estrechemos la mano de la persona
que tenemos a nuestro lado.
Mirémosla a los ojos
y emprendamos juntos un diálogo franco.
Cantemos al unísono
un himno alborozado…
Ese es el primer gran paso
hacia la paz.

Construyamos una tierra de paz.
Conectémonos con otros
que también la ansían y la aman.
La paz es la luz brillante
que busca la humanidad.
La paz es el camino seguro
hacia una vida
de dignidad
y de humanismo genuino.

¡Paz!
¡Paz!
¡Aquí yace el cimiento
de una dicha humana perdurable
y el gozo de la auténtica
victoria humana!