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Sean triunfadores de una noble vida

[IKEDA, Daisaku: Seikyo Shimbun, Tokio, 15 de enero de 2008. Publicado bajo el seudónimo literario de Shin’ichi Yamamoto.)]

A mis jóvenes amigos


Mi gran esperanza
es que ustedes,
jóvenes amigos,
vivan con noble compromiso
y actitud alborozada,
con satisfacción plena y total,
hasta su último día
de vida en la tierra.


La vida avanza en ciclo eterno.
La vida es indestructible.
Por eso, el Daishonin ha dicho:
“Lo importante es el corazón”. (1)


Los que viven su existencia
sinceramente entregados
a cumplir su misión
son recompensados
con un espléndido palacio interior
de felicidad.
¡No sean derrotados!
¡Triunfen con resolución!


Esta es su hora
de ponerse en pie
como adultos
plenos de confianza,
esta es su hora de ser,
en esta existencia,
victoriosos triunfadores de la vida.


Lo que construye la nueva época
es la pasión y la fuerza de los jóvenes.
Alejandro Magno
tenía veinte años
cuando fue coronado
Rey de Macedonia.
Ardiente de anhelos,
emprendió la epopeya de unir
Oriente y Occidente,
y dar a la civilización humana
nuevos horizontes.


Yo, a los veinte años,
tuve la fortuna de escuchar
al maestro Josei Toda
disertar sobre el Sutra del loto,
y en este poema
di voz a mis sentimientos:

El presidente Toda
será el mentor de la humanidad.
. . . . . . . . . . . . . . . .
Tiene la gran convicción de avanzar,
seguro de impartir
felicidad suprema a los semejantes.
Posee una sublime pasión por la justicia
capaz de imponerse en cualquier circunstancia.
. . . . . . . . . . . . . . . .
El mundo es impuro y confuso.
¿Quién podrá purificar
al hombre y a la sociedad?
La Soka Gakkai posee una misión
grande y profunda.
Todo quedará definido
por el avance de la Soka Gakkai.
. . . . . . . . . . . . . . . .
Jóvenes,
avancemos
llevando en el alma
una gran filosofía.
Yo, a mis veinte años,
conozco el camino para crear
una juventud
de gloria suprema. (2)

Sesenta años han pasado desde entonces.
Esta monumental travesía
de paz, cultura y educación
ha crecido hasta ser, hoy,
una alianza humanística
que une a los pueblos del mundo
en ciento noventa territorios y países.


¡Ahora y en este preciso instante,
en virtud de un místico y maravilloso lazo,
han surgido ustedes, mis jóvenes amigos,
briosos y pujantes,
irrumpiendo en la tierra de su misión!


El 15 de enero se celebra la creación
de la División de Estudiantes Secundarios,
cuyos miembros hoy son nuestros sucesores.
Para festejar ese día,
estos jóvenes de brillo y de talento
me han obsequiado una antología,
El sol de la sabiduría,
donde ellos mismos compilaron y editaron
citas que les brindaron
una honda inspiración.
Profundamente agradecido,
por sus sinceros esfuerzos,
quisiera mencionar
algunas de estas máximas
en mis versos.


Ante todo,
un pasaje de ¡Corre, Melos!,
la novela de Osamu Dazai:
“La confianza entre amigos
es el tesoro más grande de la vida”. (3)


¡Y cuán cierto es!
Yo también he hecho
genuinas amistades en todo el orbe,
y digo que las grandes personas
jamás traicionan a sus amigos.
Yo espero que ustedes,
mis camaradas,
sigan orgullosamente
el camino que Melos nos mostró.


Leo en otra cita:
“La opinión pública
es la fuerza más poderosa del mundo”. (4)
Lo dice Hall Caine
en La ciudad eterna.
Siento que la misión
de los jóvenes
y su responsabilidad
es crear una opinión pública
ecuánime y cabal.


Y encuentro también
palabras de un astro del fútbol,
mi amigo Roberto Baggio:
“La victoria sólo puede lograrse
superando la adversidad.
Ninguna victoria se ha conquistado
sin una cuota de aflicción”. (5)


¡Eso es!
El budismo enseña que el sufrimiento
es el trampolín que nos empuja
hacia la iluminación.
El padecimiento nos permite
expandir inmensamente
nuestro estado vital;
por eso las grandes luchas
conducen a grandes éxitos y honor.


Durante la persecución de Atsuhara,
el joven Nanjo Tokimitsu
luchó con el alma bravía de un león
tal como el Daishonin le enseñó.
Cuando libró esa histórica contienda,
tenía apenas veinte años.


El Daishonin le escribió a Tokimitsu
en una carta:
“Sea como fuere,
conságrese al Sutra del loto
y tenga fe en sus enseñanzas.
Pero, además de creer en él,
debe alentar a los demás a que también lo hagan,
para poder salvar a aquellos
que han sido sus padres
en todas sus existencias pasadas”. (6)


“Mi deseo es que todos mis discípulos
puedan hacer un gran juramento”,
escribió en otra carta. (7)


Allí mismo, agregó:
“Ya que en ambos casos moriremos igual,
uno debería estar dispuesto
a ofrecer la vida al Sutra del loto.
Piense en esto como la ofrenda
de una gota de rocío
que se reintegra al océano,
o de una partícula de polvo
que retorna a la tierra”. (8)


Josei Toda, mi maestro,
consideraba que la máxima dicha
y el honor supremo de su vida
era haber luchado
junto a Makiguchi, su mentor,
desde los veinte años,
cuando comenzó a apoyarlo y
a prestarle servicio,
aun compartiendo el presidio
en defensa de un mismo ideal.
Yo también apoyé y serví a mi maestro,
el presidente Toda,
en total unión e inseparabilidad.
Makiguchi, nuestro primer presidente,
llevaba veintinueve años a Toda,
su discípulo.
El maestro Toda, a su vez,
era veintiocho años mayor que yo.
Cincuenta y siete años, entonces,
es la diferencia de edad que hay
entre el primer presidente y el tercero.


Me parece interesante notar que
la tercera generación,
contando a partir de mi vida,
son nada menos que ustedes,
mis camaradas de la División Juvenil.


En honor a ustedes,
jóvenes adultos,
este año hemos plantado
un castaño de la India
en Inglaterra,
en el hermoso centro cultural de Taplow Court.


Hoy es un frágil retoño,
pero con el tiempo
será un robusto ejemplar,
de casi veinticinco metros de altura.
En Europa, los castaños de la India
adornan las calles de muchas metrópolis:
se los ve en París,
engalanando los bulevares
con sus bellas flores rojas y blancas.


Hans Christian Andersen,
el entrañable autor de cuentos infantiles,
escribió un relato aleccionador
sobre un castaño que comenzaba a crecer.
“No busquen la gloria efímera”,
decía su moraleja.
¡Al amor del sol
y fortalecidos por ocasionales huracanes,
crezcan altos y fuertes,
como el imponente castaño!


Se dice que este árbol simboliza
el talento y la genialidad.
Pero el genio es sinónimo
de ardua tenacidad.
¡Amigos míos!
¡Triunfen mediante su propio esfuerzo!
¡Venzan a fuerza de perseverar!
Y, al final,
yérganse imponentes,
como un árbol en plena majestad.
El activista coreano An Chang-ho
nos legó estas palabras de aliento:
“Sean dedicados
en todo lo que hagan:
en lo grande y en lo pequeño”. (9)


A los veinte años,
Marie Curie vivía en forma independiente,
costeándose gastos y estudios
con el sudor de su trabajo.
En el rigor de tales circunstancias,
escribió:
“Hubo días tremendos;
lo único que morigera los recuerdos
es saber que todo lo afronté
y lo resolví con honestidad,
y con la frente bien alta”. (10)


Sin ceder al desaliento
de las dificultades
y pese a su juventud,
puso alma y vida en el objetivo
de desarrollarse.
Su autodisciplina y su labor perseverante
construyeron las bases
que le permitieron cumplir
la más noble misión
como mujer,
como ser humano
y como pilar de la ciencia.


En 1822,
también a los veinte,
Víctor Hugo publicó
su primera antología poética.
“El pensamiento,
más que un derecho
—declaró Hugo—,
es el espíritu esencial del ser humano.
Quien obstruye el pensamiento
atenta contra el hombre”. (11)


Ustedes,
que en su juventud
estudian y practican
la filosofía más excelsa de la humanidad,
son los jóvenes más sobresalientes,
los campeones juveniles de la tierra.


Es tal como escribe el Daishonin:
“Si la Ley que uno adopta es suprema,
la persona que cree en ella
también debe descollar sobre todos los demás”. (12)


Aristóteles,
el magno filósofo de la antigua Grecia,
advirtió que el poder
no debía otorgarse a los necios. (13)


Por eso,
los jóvenes esclarecidos
deben esgrimir la palabra con valor
e impugnar a los soberbios.


El norteamericano Walt Whitman,
el poeta del pueblo,
indicó al Presidente
que debía quitarse el sombrero
reverenciando a la gente,
y no esperar su reverencia. (14)


Mis amigos,
sean aliados del pueblo
y amigos de la gente sencilla…
¡Campeones de la humanidad!
¡Vivan toda su existencia
con espíritu enérgico y brillante!


Señaló Goethe, el coloso de las letras:
“El alma del hombre
es como el agua transparente:
de los cielos desciende,
a los cielos retorna,
y sobre la tierra
se vuelve a derramar,
en ciclo interminable”. (15)


¡Amigos!
¡Amigos valientes!
¡Por amargos y desagradables
que sean sus problemas,
jamás se dejen vencer!
Las personas realmente felices
conocen el camino de sabiduría
que lleva a la victoria.
Aun en las épocas más duras,
ellas avanzan con bravura y corazón exultante
por la senda escogida,
sin dejarse desanimar.


¡Amigos míos!
¡Atrévanse al camino
más borrascoso y traicionero!
Remonten cada escollo
y conviértanlo
en una florida senda de felicidad.
Serenamente escriban
su propia historia
de orgullosas hazañas y de logros.


¡Mis jóvenes amigos!
¡No se dejen derrotar!
¡No sucumban jamás!
Alcen la cabeza
y arremetan,
como auténticos campeones.
¡Hasta triunfar!
¡Hasta lograr todas sus metas!


Con una sonrisa
y el corazón triunfal,
alcen la vista al cielo inmenso.
Allí,
sonrientes y velando por ustedes,
encontrarán el rostro de su padre,
el rostro de su madre,
el rostro de su mentor
y el de sus amistades.


¡Amigos míos!
¡Jamás se desvíen por
las sendas siniestras de la infelicidad!
Sus ojos relumbran…
Ustedes tienen la sabiduría
de distinguir el bien del mal,
y las falacias de las verdades.
Hay convicción
en sus creencias.


Sus vidas asentadas en el bien y en la verdad,
garantías de victoria,
brillan con eterno resplandor,
iluminadas por las funciones universales
que velan por ustedes
de cumbre a cumbre,
de mar a mar,
desde el firmamento
hasta el universo ilimitado.


¡Ahora,
mis jóvenes amigos,
avancen!
¡No se demoren!
Rebosantes de confianza,
desplieguen su mejor actuación
en pos de la victoria.


¡Noble es la juventud…!
¡Preciada es la vida…!
¡Amigos míos,
triunfen sin excepción!
¡Sean jubilosos vencedores,
en todas las circunstancias!