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Promoción de la paz: Prefacio

“Para lograr la paz del mundo no basta con los tratados que establecen los políticos o la cooperación económica que crean los líderes corporativos. La paz verdadera y perdurable se alcanzará únicamente mediante el establecimiento de lazos de confianza entre las personas en el nivel más profundo, en lo más recóndito de la propia vida.” --Daisaku Ikeda

Pekín, 1980

Pekín, 1980

En las casi cinco décadas transcurridas desde que asumió como presidente de la organización budista laica Soka Gakkai, a los treinta y dos años, Daisaku Ikeda ha desarrollado una enorme variedad de actividades en su búsqueda de la paz global. Sus vigorosos esfuerzos incluyen actuaciones diplomáticas llevadas a cabo en calidad de ciudadano común; diálogos con personalidades de todo el mundo; publicaciones y propuestas, y el establecimiento de diversas instituciones dedicadas a la paz. Ikeda inspira de manera incesante las actividades globales que realiza la SGI entre las filas del pueblo, en áreas como la protección de los derechos humanos, la abolición nuclear, el desarme, el desarrollo sostenible y el intercambio cultural.

La dedicación de Ikeda a la paz surge de la experiencia que vivió como niño y adolescente en la Segunda Guerra Mundial. Su relación con el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, una vez finalizada la conflagración, contribuyó a transformar sus sentimientos antibélicos en una filosofía que hoy conforma la base de un movimiento por la paz sumamente diverso. Lo que alienta el enérgico compromiso de Ikeda es su fe en la dignidad suprema de la vida y en el potencial creativo que poseen todos los seres humanos; asimismo, su convicción de que el poder del diálogo es capaz de borrar las distancias que separan a las personas.

Para Ikeda, la paz es mucho más que la mera ausencia de guerra. En realidad, esta requiere una serie de condiciones que permitan apreciar las diferencias culturales y establezcan el diálogo como el medio primordial para resolver los conflictos.