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abril 12, 2008

Academia de Poesía y Cultura de Mongolia otorga Distinción Corcel Celestial

El presidente Mend-Ooyo (centro) entrega un documento honorífico al presidente Ikeda (izquierda). El señor Tsend Batsaikhan y la señorita Munkhazaya Mend-Ooyo (extremo derecho).

El presidente Mend-Ooyo (centro) entrega un documento honorífico al presidente Ikeda (izquierda). El señor Tsend Batsaikhan y la señorita Munkhazaya Mend-Ooyo (extremo derecho).

El 12 de abril de 2008, la Academia de Poesía y Cultura de Mongolia, entidad que agrupa a prominentes figuras culturales de ese país, confirió su primera Distinción Tengeriin Hureg (corcel celestial) a Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, en reconocimiento a sus aportes literarios y culturales. La distinción que se otorga cada trienio fue instituida para honrar a quienes contribuyen a la poesía, la literatura y la cultura mongola y mundial.

La ceremonia se llevó a cabo en el marco de una reunión de responsables de la División de Jóvenes de la Soka Gakkai celebrada en el Centro Internacional de la Amistad Soka, situado en Sendagaya, Tokio. El reconocimiento fue entregado por el presidente Gombojavyn Mend-Ooyo, quien acudió acompañado de Tsend Batsaikhan, integrante de la academia mongola, y su hija Munkhazaya Mend-Ooyo.

En un discurso alusivo, el doctor Mend-Ooyo destacó que el presidente Ikeda era ampliamente respetado en su país –donde se valora la tradición budista— debido a sus ideales humanitarios y a los esfuerzos que realizaba para difundir la filosofía de la misericordia budista en el mundo contemporáneo. Añadió que las obras filosóficas, poéticas y literarias del doctor Ikeda eran leídas y estudiadas por numerosos intelectuales de su país, producto de lo cual las actividades de la SGI por la paz y la seguridad humana contaban con el apoyo de sus connacionales.

A continuación, el presidente Mend-Ooyo se explayó en el significado de la distinción que se otorgaba, y en el particular aprecio que el pueblo mongol, con una larga tradición nómada, tenía por los caballos. A modo de ilustración, compartió con los presentes un cuento popular, que consistía en la historia de un jinete que perseguía sus sueños cabalgando un corcel alado. Luego, mencionó el siguiente verso del renombrado poeta del siglo XX, Begziin Yavuukhulan: "La poesía es como el trote de un fabuloso potro con patas aladas que exuda fortaleza infinita de su corazón". El doctor Mend-Ooyo destacó que el instrumento nacional, el morin khuur (similar al violín) solía llevar un mástil con una cabeza de caballo en su extremo y cuerdas de crines del equino. El instrumento representaba, enfatizó, el espíritu poético capaz de surcar el firmamento.

Luego de entregar el diploma honorífico, el presidente Mend-Ooyo obsequió al señor Ikeda un morin khuur, una obra caligráfica de su autoría y un corcel de Mongolia de cuatro años de edad cuyo registro genealógico se remonta a la época del conquistador Gengis Kan; el caballo nombrado "Alas de la paz" por el señor Ikeda permanecerá al cuidado de especialistas en Mongolia.

Posteriormente, en su discurso, el presidente Ikeda expresó su profundo agradecimiento al doctor Mend-Ooyo por la distinción que había recibido de la prestigiosa institución. Luego de lo cual, citó dos máximas mongolas que rezan: "Los progenitores dan vida, mientras que el maestro da el corazón"; "La lumbre de un candil se alimenta de aceite; la sabiduría de un discípulo, de su mentor". El señor Ikeda, en concordancia con estos pensamientos, afirmó que las personas que contaban con un maestro de la vida gozaban en consecuencia de fortaleza y dicha. Asimismo, expresó palabras de encomio hacia el presidente Mend-Ooyo, por haber reivindicado a su mentor, el gran vate del siglo XX, Begziin Yavuukhulan, que fue injustamente perseguido, y por haber hecho realidad el sueño de su preceptor de fomentar la lírica nacional, convirtiéndose él mismo en un poeta renombrado.

Luego, el señor Ikeda, dirigiéndose a los jóvenes, aseveró que la humanidad esperaba anhelante el surgimiento de nuevas generaciones que aboguen por la paz y la justicia armadas de una apasionada espada filosofal. Asimismo, los alentó a vivir fieles a sí mismos sin dejarse influenciar por opiniones ajenas y a consagrase intrépidamente al camino que escogieron transitar en la vida.

[Basado en el artículo publicado el 13 de abril de 2008 en el Seikyo Shimbun, diario de la Soka Gakkai, Japón.]