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Entrevista al profesor Larry A. Hickman

[Extracto de una entrevista al doctor Larry A. Hickman, director del Centro de Estudios sobre Dewey y profesor de la Universidad de Illinois del Sur de Carbondale, Estados Unidos, realizada el 12 de julio de 2010, por Masao Yokota, asesor del Centro Ikeda para la Paz, el Saber y el Diálogo.]

Masao Yokota: El 18 de noviembre de 1930 es la fecha de la fundación de la Soka Gakkai. Es también el día en que se publicó el libro sobre la filosofía pedagógica Soka [creación de valores] de Tsunesaburo Makiguchi. Existe una relación significativa entre ambas fechas. El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, se dedica a promover el humanismo expuesto por el budismo y la educación humanística, que empoderan al ser humano permitiéndole desarrollar lo mejor de su potencial. Podría decirse que, tanto la religión como la educación, tienden a orientarse hacia direcciones opuestas. ¿Qué opina al respecto?

Larry Hickman: Es notable que Makiguchi haya tenido una agudeza y una visión tales, que obtuvieron resultados maravillosos en estos ochenta años. Es extraordinario, también, porque aquella época, ocho décadas atrás, no era el mejor momento para la educación o la democracia en el Japón, y en realidad, tampoco en el resto del mundo.

Cuando pienso en esa especial confluencia de eventos, me viene a la mente la impresión que se llevó Dewey de la cultura japonesa, cuando visitó la nación nipona en 1919. Él pudo observar que entre la familia y el emperador, existía una asombrosa falta de instituciones que apoyan y estabilizan la sociedad civil, como los grupos cívicos, las organizaciones que congregan a los educadores y padres de familia, y las asociaciones empresariales y profesionales. Prácticamente, no había más que militares. Por otro lado, Dewey relató cuánto disfrutó de conocer a los japoneses comunes y corrientes. Resulta obvio que Makiguchi estaba tratando de encontrar una manera de crear esas estructuras institucionales, a través del proceso educativo. Eso es alentador, ya que todos necesitamos encontrar el modo de hacer otro tanto.

En numerosos países, incluso en los Estados Unidos, existe el peligro de que no logremos darnos cuenta de la importancia de la educación como factor estabilizador y renovador dentro de nuestro entorno. Como lo sostuvo el señor Ikeda en varias ocasiones, la religión humanística y la educación se respaldan mutuamente. Son las dos caras de una misma moneda. He estado presente cuando el señor Ikeda dijo que la religión es importante, pero que la educación lo es igualmente. Considero que esa declaración es realmente significativa.

Yokota: La religión puede volverse represiva fácilmente, cuando no se le permite a la gente pensar por sí misma.

Hickman: Sí. Una de las dificultades que los estadounidenses tienen para comprender el budismo en general y a la Soka Gakkai en particular radica en lo que el término "religión" suele significar en su ámbito social.

Algunas religiones occidentales mantienen sistemas jerárquicos en los que las reglas y los dogmas se establecen desde arriba hacia abajo. Por añadidura, la mayoría de las religiones occidentales están firmemente basadas en la creencia de una deidad sobrenatural, que, a mi entender, tiende a distorsionar el discurso público. En esos casos, las instituciones religiosas se inclinan a poner el acento en el dogma y al mismo tiempo, a ignorar la fusión de los individuos para determinar de qué manera ellos mismos pueden implementar mejor sus propias necesidades, capacidades e intereses en un contexto religioso. Eso es parte de las dificultades que los estadounidenses tienen para entender el amplio concepto de humanismo que uno encuentra en las expresiones religiosas de Asia, por ejemplo. Sin embargo, creo que hay un aspecto positivo, pues pienso que la situación está comenzando a mejorar. El mundo se está convirtiendo en un lugar mucho más pequeño y más estrecho. La información sobre sistemas de creencias alternativos está cada vez más al alcance de todos.

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Yokota: Quisiera preguntarle sobre su diálogo con Daisaku Ikeda y Jim Garrison, que actualmente está apareciendo en forma de serie en la revista japonesa Todai. ¿Cuál ha sido su experiencia de ese intercambio hasta aquí?

Hickman: Ha sido un verdadero placer. Los temas que el señor Ikeda propuso en nuestros diálogos me estimularon a pensar de modo más crítico sobre cuestiones que generalmente solo tengo en mente de manera embrionaria, pero que no siempre considero detalladamente, como se hizo en nuestras conversaciones. Por ejemplo, me impresionó mucho el pensamiento del señor Ikeda sobre el rol del mentor. Voy a echar de menos el trabajo que realicé con él y con mi amigo y colega Jim Garrison.

Yokota: Una cosa interesante sobre este diálogo es que se trata de un intercambio de índole académica, que está dirigido al público en general.

Hickman: Ha sido una experiencia maravillosa, porque en un trabajo académico, uno tiende a veces a centrarse demasiado en los problemas técnicos. Sin embargo, cuando me estaba preparando para los diálogos, me imaginaba que un ama de casa o un oficinista podrían estar leyendo mis palabras. Fue a la vez un desafío y un incentivo tratar de dirigirme a ese público, figurarme a alguien leyendo cada entrega e imaginar lo que pensaría y cómo reaccionaría.

Yokota: ¿Ve usted diferencias entre el concepto de rol del mentor en la Soka Gakkai y en la perspectiva de Dewey?

Hickman: Dewey era una persona más bien tímida. No poseía el carisma personal de un líder como el señor Ikeda, pero era de todos modos un gran pensador, que inspiró a muchos dedicados estudiantes, quienes transmitieron con toda seriedad las ideas de este. No era una persona con la capacidad organizativa del señor Ikeda, aunque sí tuvo una larga lista de amigos, colegas y discípulos, no solo dentro del ámbito académico, sino en su calidad de intelectual reconocido públicamente. Su estilo como mentor fue diferente del que posee el señor Ikeda. A pesar de carecer de la destreza de un gran orador público, supo inspirar a sus discípulos gracias a la profundidad de su pensamiento y a su capacidad de articular poderosos principios.

El señor Ikeda, por otro lado, además de poseer una maravillosa capacidad para concebir y articular sólidos principios, es realmente carismático. Luego de visitarlo varias veces, puedo afirmar que uno observa sus ojos y ve una profunda inteligencia, un compromiso enérgico con el diálogo creativo y un auténtico interés por la gente que lo rodea. Es absolutamente lógico que él tenga tantos discípulos que se han visto incentivados por su vida y por su obra.

Gran parte de mi vida profesional está dedicada a promover las ideas de John Dewey y a alentar a otras personas a hacer lo mismo. Y, el señor Ikeda sigue siendo una fuente de inspiración para mí, de una manera que difiere de mi enorme aprecio por Dewey, en parte, debido a la forma tan progresista con que maneja las oportunidades espontáneas de enseñar, en un nivel muy personal. Por ejemplo, me contaron cómo él se acercó a una cancha de fútbol para alentar a los jugadores a ser los mejores en lo que hacen. No me imagino a Dewey haciendo algo así.

Estos dos enfoques muy diferentes de la función del mentor son, por supuesto, elementos de un todo más grande. Ambos son importantes y ambos son igualmente efectivos, porque las personas son diferentes y responden a los mentores también de modo diferente.

Yokota: ¿Podría aclarar qué entiende usted por "carisma"?

Hickman: Empleo el término "carisma" con un sentido positivo. Fue eso lo que pensaba cuando mencioné la presencia del señor Ikeda. Cuando le doy la mano, y ambos nos miramos, veo a una persona atenta que está concentrada en nuestro encuentro de ese momento. No está pensando en que va a cenar más tarde o en qué problemas deberá resolver durante el día. Está presente en ese momento. Por lo tanto, se establece una conexión que es casi eléctrica. Sería maravilloso que todos hiciéramos un esfuerzo para lograr ese nivel de consideración.

Por otro lado, cuando lo vi dirigirse a cientos de personas, me sentí impresionado por esa misma clase de energía, ese mismo nivel de atención con que se dirigía a todos los presentes en el auditorio. Eso es lo que quiero decir cuando me refiero al sentido positivo del carisma. Él puede conectarse con las personas e inspirar en ellas el deseo de lograr lo mejor de sí mismas.

Yokota: La relación entre el maestro y el discípulo corre el riesgo de ser mal interpretada como la de una persona que simplemente, a veces incluso ciegamente, sigue a otra.

Hickman: Sí, es verdad. Pero una relación productiva entre el mentor y el discípulo siempre debe ser algo interactivo.

Por ejemplo, tengo la certeza de que he aprendido de mis alumnos de posgrado tanto como ellos han aprendido de mí. Cuando voy a los seminarios, les digo: "Por favor, solo piensen que soy un estudiante de posgrado un poco más avanzado. Porque, especialmente ahora, cuando tenemos acceso a tantas publicaciones, y existen tantos campos de especialización, ustedes ya habrán leído y reflexionado sobre cosas que yo no conozco. De modo que vamos a compartir la información y a desarrollarnos juntos. Vamos a pensar juntos". Creo que uno debe encarar la función del mentor de esa manera, porque de lo contrario, tiende a volverse autoritario y en verdad ciego a las oportunidades que surgen en el trato y la interacción entre el educador y el educando.


Larry A. Hickman es el director del Centro de Estudios sobre Dewey y profesor de filosofía en la Universidad de Illinois del Sur de Carbondale, Estados Unidos. Es también el ex presidente de la Sociedad John Dewey. El profesor Hickman es autor de libros y ensayos sobre diversos temas, entre ellos, filosofía norteamericana, filosofía de la tecnología, estudios sobre filmes, derechos de los homosexuales e historia de la lógica.