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John Dewey y Tsunesaburo Makiguchi

[IKEDA, Daisaku: Seikyo Shimbun, Tokio, 13 de junio de 2001. Publicado con el seudónimo literario de Ho Goku.]

“Los obstáculos que enfrentamos son un estímulo para el cambio, para generar respuestas, y por eso son oportunidades de progreso”. (1) Estas son las palabras del filósofo y educador norteamericano John Dewey, por quien el primer presidente de la Soka Gakkai Tsunesaburo Makiguchi guardaba un invariable respeto y admiración.

La filosofía educativa de Dewey llevó profundos cambios a diversos países, de un extremo al otro del globo, en el siglo XX. Su filosofía social también desempeñó un papel importante en la recuperación económica de Norteamérica después de la Gran Depresión de 1930.

Dewey, nacido en 1859, era doce años mayor que Makiguchi. Los dos hombres, que vivieron aproximadamente en la misma época, compartían similitudes sorprendentes en sus ideas y acciones.

Hace cinco años, un 13 de junio, ofrecí una disertación en el Instituto de Educadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York; en ella, me referí a la filosofía de la educación de Dewey y al concepto de la creación de valor de Makiguchi. A propósito, en esa universidad, Dewey enseñó durante algunos años.

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En este auspicioso mes de junio —cuyo primer día recuerda el 50º aniversario del fallecimiento de Dewey, y el 6, el 130º aniversario del nacimiento del señor Makiguchi—, he tenido el honor de reunirme con el famoso erudito que ha continuado con el legado intelectual de aquél. Me estoy refiriendo al doctor Larry Hickman, director del internacionalmente famoso Centro para Estudios Dewey, en la Universidad de Illinois Meridional en Carbondale (SIUC, por sus siglas en inglés), Estados Unidos.

El epitafio de la tumba de Dewey es este pasaje de una de sus obras:

Nuestra es la responsabilidad de conservar, transmitir, rectificar y expandir la herencia de valores que hemos recibido, para que los que vienen detrás puedan recibirla más sólida y segura, más ampliamente accesible y más generosamente compartida. (2)

El rostro del doctor Hickman trasmite el sereno orgullo de quien ha dedicado su vida y su afán de investigación a cumplir con esta elevada responsabilidad. Esta tarea de transmitir los tesoros espirituales al futuro recuerda el camino del mentor y el discípulo, relación que constituye la mismísima esencia de la educación humanística.

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La educación determina el futuro; crea un nuevo mundo.

Un siglo atrás, Dewey bregó por un ideal: que “el niño se convierta en el sol alrededor del cual giran las aplicaciones de la educación; él es el centro por el cual éstas se organizan”. (3) El educador norteamericano comentó que, en aquella época, colocar al niño en el centro de la educación representó “una revolución, no diferente de la que introdujo Copérnico, cuando el centro astronómico se desplazó de la Tierra al Sol”. (4) Además, esta visión nació de la experiencia obtenida mediante el establecimiento de una escuela experimental anexa a la Universidad de Chicago, donde Dewey era profesor; allí había probado y puesto en práctica los conceptos que sostenía.

También Makiguchi, desde su larga y agotadora experiencia en la enseñanza, proclamó que la verdadera meta es la felicidad de los niños. Cuanto más se estudian las ideas y teorías educativas de Dewey y de Makiguchi, más visibles se vuelven las similitudes entre ambas.

En una tesis que escribió cuando tenía 25 años, Makiguchi citó un pasaje de Psicología, una obra escrita por Dewey a los 28 años. Takao Ito, un graduado de la Universidad Soka, me envió el original en inglés de ese pasaje.

A propósito, el señor Ito es un graduado del Sistema de Escuelas Soka de Kansai y de la vigésima segunda promoción de la Universidad Soka. En la actualidad, está haciendo el doctorado en la Facultad de Letras de la misma universidad. También está trabajando con energía como vice responsable de la sección de Asuntos Educativos de la División de Estudiantes de Gakkai.

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¿Cuáles fueron las palabras del joven Dewey que tuvieron una resonancia especial para el joven Makiguchi? Helas aquí:

Si preguntamos en qué circunstancias un objeto o evento ingresa en nuestra vida intelectual como significativo, encontramos que es cuando guarda conexión con el orden que establece el resto de nuestra experiencia. Lo que carece de sentido es lo que está fuera de esta armonía, que no está conectado con otros elementos [de nuestra experiencia]. Para que un hecho o evento tenga significado debe estar relacionado con algún otro hecho o evento. Lo aislado, lo separado, jamás es objeto de conocimiento. (5)

El conocimiento o el saber sólo pueden crear valor cuando están relacionados con un todo más grande. Dewey y Makiguchi insistían, también, en que la educación debía estar orientada a ayudar a cultivar un conocimiento que sirva a la humanidad, en vez de llenar de pedacitos fragmentados de información la cabeza de los educandos.

Esta es una de las razones por las cuales la Universidad Soka de los Estados Unidos, en Aliso Viejo, inaugurada el pasado 3 de mayo, empezará como una Facultad de Artes Liberales, con el compromiso de forjar individuos plenamente desarrollados que utilicen su conocimiento para contribuir a la humanidad.

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Dewey visitó Japón durante dos meses, a partir de febrero de 1919. Luego viajó a la China, adonde llegó en pleno “Movimiento del 4 de Mayo”, una reacción contra el imperialismo japonés. (6) Allí permaneció dos años, y se detuvo otra vez en el Japón, cuando regresaba a los Estados Unidos.

Alrededor de esa época, crecían en Japón las voces que clamaban por los ideales democráticos y su puesta en práctica. Dewey observó que esta creciente opinión pública carecía de consistencia y que era, en esencia, superficial. Los japoneses podían convertir cualquier cosa en un objeto de moda, incluso la Filosofía. Parecían capaces de creer un día una cosa y lo opuesto, al siguiente, sin el más mínimo desconcierto. Como resultado, aunque en apariencia estaban defendiendo la democracia y la reforma, no tenían una comprensión real y práctica de estos conceptos. No se sabía cuándo podían correr hacia atrás en dirección al nacionalismo o, con la misma facilidad, precipitarse hacia un radicalismo extremo. Con aguda perspicacia, Dewey reconoció y señaló este peligroso aspecto de la sociedad japonesa.

Sus observaciones son igualmente aplicables al Japón actual.

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La de Dewey era una filosofía de acción; una filosofía democrática que apuntaba a forjar individuos capaces de tener una presencia activa en la sociedad, en vez de aislarse y separarse de ella.

A comienzos del siglo XX, participó en demostraciones en pro del sufragio femenino en los Estados Unidos. Cuando el caso Sacco y Vanzetti estremeció a la sociedad norteamericana, él defendió la causa de los inocentes acusados y refutó las falsedades que se habían difundido sobre ellos. (7)

En los años 30, cuando el fascismo cobraba fuerza, comentó: “Los liberales están divididos en la perspectiva y el comportamiento, mientras que los reaccionarios se mantienen juntos por una comunidad de intereses” (8); y abogó por la organización de las fuerzas que defendían la verdad y la justicia. También señaló que los liberales eran débiles cuando se trataba de organizarse para actuar, y afirmó: “sin esta organización, existe el peligro de que los ideales democráticos puedan caer por abandono”. (9)

En la misma época, cuando el Japón estaba empezando su temeraria marcha al nacionalismo, Makiguchi deploraba el hecho de que personas corruptas e inescrupulosas estuvieran ocupadas formando alianzas, mientras las personas buenas permanecían aisladas y separadas.

Si queremos impedir la propagación del mal, es vital que las personas de bien se alíen y sumen sus fuerzas; que se organicen para poder actuar con efectividad. Este es el modo de derrotar la maldad.

Ahora nosotros, siguiendo los pasos de nuestro gran predecesor, inmolado por sus creencias, estamos construyendo una alianza vasta, creciente, de personas unidas para el bien, en nuestras comunidades y en el mundo entero.

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“La democracia se inicia en el diálogo” (10), enfatizó Dewey al cumplir los 90 años. Convencido de que no existe el retiro, vivió una existencia plena y fructífera hasta su muerte, a los 92 años.

Escribió: “Lo que logra una persona y un grupo se convierte en la base permanente y en el punto de partida para quienes los suceden”. (11) Esta era la profunda convicción del eminente educador.

¡Nosotros también, lucharemos resueltamente, creceremos juntos y aseguraremos un glorioso nuevo punto de partida para la democracia en el Japón, en el nuevo siglo!