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La misión de la Universidad Soka de los EEUU

[IKEDA, Daisaku: Seikyo Shimbun, Tokio, 30 de septiembre de 2002. Publicado con el seudónimo literario de Ho Goku.]

La célebre poetisa y autora del siglo XX, Marguerite Yourcenar, quien además cuenta con la distinción de ser la primera mujer aceptada por la prestigiosa Academia Francesa, dijo: “El verdadero lugar del nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros”. (1)

Ha transcurrido un mes y medio desde que la Universidad Soka de los Estados Unidos (SUA, por sus siglas en inglés) recibió al segundo grupo de nuevos alumnos, quienes acudieron llenos de firme decisión y gran sentido de la misión. Muchos de ellos eligieron seguir sus estudios en la SUA, a pesar de haber aprobado los exámenes para ingresar en prestigiosas universidades como la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la Universidad de Berkley y otras a lo largo de todo el país.

Como fundador, no tengo más que palabras de gratitud para los estudiantes a quienes me unen vínculos místicos, jóvenes que han acudido para construir la SUA con sus propias manos en lugar de aspirar a un centro de estudios con trayectoria ya establecida. Para mí nada podría llenarme de mayor dicha y satisfacción.

Estoy consciente de los innumerables esfuerzos que cada uno de ustedes ha desplegado para ingresar en esta casa de estudios.

Tú, que tienes una fresca mirada juvenil que refleja la victoria con la que coronaste aquellos días de estudiante secundario, cuando luchabas para no convertirte en un “desertor” más. Días de contienda permanente en los que muchas veces estuviste a punto de abandonarlo todo, pero de la que saliste airoso, gracias al apoyo constante de tus amigos...

Tú, que trabajaste denodadamente, día tras día, en una tienda de alimentos, para costearte el pasaje a los Estados Unidos; ¡tu esfuerzo te ha brindado la gloriosa victoria!

Tú, que durante los preparativos para el examen de ingreso le robaste horas al estudio para sumergirte hasta muy avanzada la noche en las páginas de La nueva revolución humana”, esa historia de las Escuelas Soka, y avivaste el noble anhelo de participar en la construcción de la SUA.

Mi corazón jamás se apartará de ustedes; ¿cómo podría alejarse de quienes han trazado tan maravillosa historia de juventud?

En una de las salas de la biblioteca, que permanece abierta las veinticuatro horas del día, seguramente se escucha el sonido del teclado de las computadoras o el de las páginas de los textos volteándose, hasta muy tarde...

La luz en las ventanas de los dormitorios estudiantiles es, para mí, la “luz del conocimiento” que alumbra a quien se consagra a la búsqueda intelectual.

Si hubiese alguien que se quedara dormido en su escritorio, vencido por la fatiga de una dura jornada de estudio, quisiera abrigarlo colocando con sumo cuidado una frazada sobre sus hombros...

Este es mi más sincero sentimiento.

*

A pocos meses de haberse inaugurado la SUA, los alumnos realizaron, en forma espontánea, su primera asamblea. Fue la noche del 11 de setiembre, aquel fatídico día del ataque terrorista que estremeció al mundo. La reacción de los alumnos, apenas se enteraron del incidente a tempranas horas de la mañana, no se hizo esperar. Decidieron llevar a cabo una ceremonia en homenaje a las víctimas, e invitaron a los ciudadanos de Aliso Viejo, localidad en donde se encuentra el campus de la universidad.

En la noche, los educandos del primer ciclo se congregaron al pie de la Fuente de la Paz, frente a la Sala de los Fundadores. Sostenían velas que alumbraban tenuemente sus rostros circunspectos. Muchos de los ciudadanos invitados no ocultaban su ira por el atentado. Reinaba un ambiente tenso, incluso mientras los alumnos hacían llamados a la paz y leían poemas alusivos.

El terrorismo había hecho trizas la confianza del hombre en sus semejantes. La impotencia y el odio se cernían, como nubes oscuras, sobre los corazones de las personas.

De pronto, un estudiante se levantó y exclamó con expresión firme y decidida: “¡Tengo fe en que habrá paz mientras no perdamos las esperanzas!”. Estas valientes palabras, nacidas de un sincero deseo de paz auténtica, conmovió a muchos.

Queridos alumnos, la Fuente de la Paz se halla en el corazón de cada uno de ustedes.

Por lo tanto, la educación debe ser una labor dirigida a encontrar esa fuente y hacer que sus aguas fluyan en forma constante. El doctor Martin Luther King tenía razón al afirmar que la educación, orientada sólo a la eficiencia, se transforma en la mayor amenaza para la sociedad.

Este año, ingresó en la SUA una jovencita cuyo padre fue víctima del atentado. El había sido alumno de la segunda promoción de la Universidad Soka, y por coincidencias del destino, su hija entró a la SUA integrando, también, el segundo grupo. Como fundador, estaré atento, velando por su desarrollo y crecimiento.

*

El doctor Daniel Habuki, presidente de la SUA, en uno de sus viajes a Japón, visitó, casa por casa, a quienes habían apoyado la construcción de la universidad, para expresarles su agradecimiento. No todas eran personas de holgada condición económica; es más, la mayoría vivía modestamente. Esas son las personas que sostienen a la SUA.

El año pasado, cada integrante del primer curso había recibido como obsequio un cobertor (manta de abrigo cosida con telas superpuestas). Habían sido confeccionados a mano, a lo largo de tres años, por un grupo de voluntarios encabezados por miembros de la división de señoras del condado de Orange. Para los que se incorporan este año, han tejido bufandas. Lo que abrigó los hombros de los primeros estudiantes en las noches frías de la biblioteca, o en sus habitaciones, fue la sinceridad de los sentimientos con que aquellas personas habían confeccionado los cobertores.

Se dice que, en otros tiempos, las damas participaron en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, cosiendo mantas que enviaban a los soldados destinados al frente. Esta vez, las madres Soka contribuyeron a la gran tarea de construir la SUA confeccionando afanosamente las cobijas para los estudiantes, hasta altas horas de la noche, luego de un agotador día de trabajo.

Jóvenes, no olviden jamás este noble gesto.

El claustro universitario existe para aquellas personas que no han tenido la oportunidad de ocupar sus aulas. ¿Para quién es la universidad? ¿Para qué son los estudios? Uno nunca debe perder de vista estos aspectos fundamentales.

El Mahatma Gandhi se dirigió a los alumnos de una prestigiosa casa de estudios en la India de la siguiente manera:

Ustedes tienen una profunda deuda con el más humilde de los campesinos. Son los ryots (2) los que les brindan cuidados, los visten y los alimentan. Son los pobres quienes construyeron estos espléndidos salones. Este lugar fue creado con la sangre y el sudor de los albañiles. Ustedes jamás se librarán de la deuda que tienen con ellos, a menos que dediquen el resto de sus vidas a su servicio. (3)

La SUA es una universidad erigida por el pueblo.

El sistema educativo Soka no hubiese podido concretarse sin el espíritu sincero y la solidaridad de todas las personas anónimas que pusieron su parte.

Deseo de todo corazón que ustedes, estudiantes de la SUA, sigan formándose para triunfar en la vida; que avancen siempre, sumándose a las filas de la ciudadanía para defenderla; que se sientan orgullosos de tener como misión saldar su deuda con el pueblo. Esta universidad internacional emprendió el gran desafío de “formar auténticos ciudadanos del mundo”.

*

Uno de los primeros textos que los alumnos reciben como material de estudio, son los Diálogos de Platón; ellos brindan a los estudiantes una magnífica oportunidad para conocer el estilo del diálogo socrático, que busca desarrollar la moral y espíritu.

La Academia, institución educativa fundada por Platón, dio mucha importancia al diálogo como instrumento de aprendizaje. Platón, al igual que su maestro Sócrates, platicaba con los jóvenes durante las clases, las comidas e incluso las caminatas.

El intercambio de ideas entre el mentor y el discípulo, tanto en los estudios como en la vida, fue el alma de la Academia; fue la fuente que nutrió los novecientos años de existencia de ese notable centro educativo.

Sócrates, después de un acalorado diálogo, dijo a su interlocutor: “Toma mi consejo, entonces, y sígueme adonde, cuando tú llegues, serás feliz tanto en vida como después que ella termine”. (4)

En la SUA, el proceso de aprendizaje tiene lugar fomentando una relación estrecha y humanística entre el docente y el alumno, con profesores comprometidos a guiar personalmente a los educandos, para que ellos desarrollen su máximo potencial.

El filósofo Ralph Waldo Emerson dijo: “Pregúntenos cuál es nuestra mejor experiencia, y nuestra respuesta será: unas cuantas conversaciones francas y sinceras con personas sabias”. (5) El diálogo jovial y abierto que aflora en el predio de la SUA será la verdadera fuente de la que emanarán el talento y la inteligencia, el que dará origen a grandes ciudadanos del mundo.

Mi sueño es reencontrarme algún día con ustedes, alumnos que serán la primera y segunda promoción, con una profunda misión que cumplir, y estrechar fuertemente sus manos, en este hermoso campo desbordante de luz y frondosa vegetación.

Oro para que su bienestar y desarrollo sean ilimitados, distinguidos ciudadanos del siglo XXI.

No hay manera de cortar camino en el progreso como seres humanos. Cuiden bien su salud; sean conscientes de su compromiso de actuar en el gran escenario del mundo y sean, antes que nada, maestros en el esfuerzo. La vía de la dedicación seria es la verdadera senda forjadora del ser humano; es el camino recto que recorren los auténticos ciudadanos del mundo que construyen la historia.