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Extracto de "El budismo chino"

(Extracto del libro El budismo chino de Daisaku Ikeda, publicado por Emecé Editores, Buenos Aires, 1993, págs. 141 y 142.)

El pensamiento budista anterior había descrito los Diez Estados de la Vida como diez condiciones en que los seres pueden renacer, según la clase de karma que hayan creado en sus existencias pasadas. Estas condiciones van desde los estados inferiores del ser, como el Infierno o el Hambre (“demonios hambrientos”) hasta los más elevados, de Bodhisattva o Buda. En el Budismo de los primeros tiempos, se había expuesto que los diez estados eran mutuamente excluyentes, es decir, que un individuo podía ocupar sólo un estado en cada existencia, y que, para desplazarse de uno a otro, debía renacer sucesivamente. Pero en el sistema de Chih-i, los Diez Estados de la Vida son multiplicados por los diversos factores que los condicionan, para producir un total de tres mil estados o aspectos posibles, según los cuales se manifiesta la vida. Chih-i llega a afirmar que todos estos tres mil estados posibles se hallan presentes en cada instante o “momento vital” del individuo. En una sola existencia, un ser puede ir de un estado al otro innumerables veces. Así, uno puede ascender mediante la práctica religiosa y esforzarse hasta llegar al objetivo supremo, que es el estado de Budeidad, sin tener que pasar por una larga serie de renacimientos. O, a la inversa, puede descender en esta escala hacia los estados inferiores de la vida, si comete malas acciones y desdeña su búsqueda espiritual.

Este concepto explica por qué uno puede manifestar la Budeidad en esta sin tener que sobrellevar una serie de incontables existencias signadas por el arduo esfuerzo espiritual, como se había afirmado en el Budismo anterior. Pero, a la vez, también implica que la iluminación, una vez lograda, no es necesariamente una condición permanente, sino que debe ser apoyada y sostenida con una postura activa y constante, para no caer en un estado inferior.