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Extracto de "La sabiduría del Sutra del loto"

(Extracto del libro La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI de Daisaku Ikeda, editado por la Soka Gakkai y publicado por la Asociación Peruana de la Soka Gakkai Internacional, Lima, 2003.)

Volumen 1, páginas 23 y 24 (Remontar la ausencia de filosofía que padece esta época)

El Sutra del loto es un intento de enseñar esta verdad a todos de un modo fácil y comprensible. Nichiren Daishonin, el devoto del Sutra del loto en el Ultimo Día de la Ley (1), hace posible que todos corporifiquen esta verdad en su vida cotidiana. El Sutra del loto enseña el "gran tesoro oculto del corazón", vasto como el universo, que despeja cualquier sentimiento de impotencia en la vida del hombre. Expone una enérgica forma de vivir, en que cada uno puede respirar la inmensa vida del universo. Enseña la aventura realmente grandiosa: emprender la transformación de la propia existencia. El Sutra del loto posee una amplitud y una naturaleza tan abarcadora que es capaz de abrazar a todos los pueblos en su búsqueda de la paz. Posee esa fragancia exquisita que hay en el arte y en la cultura. Nos conduce a un estado insuperable de vida, imbuido con las cualidades de la eternidad, la felicidad, el verdadero yo y la pureza, de tal forma que, allí donde estemos, podamos decir: "Esta, mi tierra, está segura y en paz".

El Sutra del loto contiene la gesta de una lucha por la justicia, contra el mal. Posee una calidez que reconforta a los exhaustos. En él palpita un coraje vibrante que aleja el temor. Resuena en su enseñanza un coro de alegría por lograr la absoluta libertad a través de las tres existencias, una libertad que se remonta como un vuelo hacia las alturas. En él, la luz resplandeciente se conjuga con flores, verdor, música, imágenes pictóricas y vívidos relatos. Ofrece lecciones insuperables sobre la psicología y las funciones del corazón humano, sobre la vida, la felicidad y la paz. Traza, como un mapa, las reglas básicas para la buena salud. Nos hace tomar conciencia de la verdad universal de que un cambio en nuestro corazón y actitud puede transformarlo todo. No es ni un desierto calcinante de individualismo ni una prisión totalitaria. Posee el poder de manifestar un reino de pura misericordia, en que las personas se complementan y se alientan unas a otras.

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Volumen 1, páginas 68 y 69 (Una escritura que apela a todas las personas)

Buda es una persona que ha tomado conciencia de la realidad de su propio ser y, como se desprende de ello, también de la realidad de la vida de todos los seres humanos. En esto consiste la sabiduría del Buda y la sabiduría del Sutra del loto. Por lo tanto, es claro que el Sutra del loto se expuso para todos los seres humanos, con el propósito de permitirles que logren una auténtica independencia. Naturalmente, no discrimina, en ningún sentido, entre sacerdotes y laicos, entre hombres y mujeres, ricos y pobres, personas de clase alta y baja, entre jóvenes y viejos. Es, exclusiva y enteramente, para todo el género humano, para las personas comunes. El Sutra del loto enseña que todos poseemos por igual el potencial para lograr la Budeidad y que todos poseemos la capacidad de disfrutar el estado de felicidad absoluta. Es digno de destacar que el propósito de Shakyamuni, es decir, poner la Budeidad al alcance de todas las personas, queda reflejado en el lenguaje que utiliza para predicar las enseñanzas budistas: la lengua de Magadha (2)­, que era el idioma común y corriente del pueblo.

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Volumen 1, páginas 266 a 268 (El corazón de la verdadera entidad de todos los fenómenos)

La revolución humana conduce en forma simultánea a una revolución en la sociedad y en el ambiente circundante. En "La verdadera entidad de la vida", el Daishonin cita una observación de Miao-lo (3): "Tanto la vida (shoho) como su ambiente (eho) siempre manifiestan Myoho-renge-kyo" (Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1. pág. 89).

T'ient'ai (4), por su parte, afirma que la tierra también posee los diez factores de la vida. La vida y su ambiente no son dos cosas separadas: constituyen una entidad inseparable. Este es el origen del concepto según el cual la revolución humana implica una transformación simultánea de la tierra y de la sociedad. Si se ven con la visión del Buda –es decir, desde la perspectiva de la verdadera entidad de todos los fenómenos—, todos los fenómenos del universo son una entidad viviente. La felicidad es imposible, para un ser humano, en forma separada de su ambiente. Del mismo modo, es imposible plantear la paz en el ambiente, en forma separada de los seres vivos. No podemos ser felices de verdad si los demás siguen sumidos en el sufrimiento. El dolor de otro semejante tampoco es sólo el dolor de él. Cuanto más felicidad infundimos en los demás, más felices nos sentimos nosotros mismos. Mientras quede una sola persona hundida en la agonía, nuestra dicha no puede ser completa. Esta es la perspectiva de la vida que se desprende de la verdadera entidad de todos los fenómenos. Por eso el desafío interminable de transformar la realidad constituye la esencia de dicho principio.

En el escrito donde da cuenta de las razones por las cuales escribió el "Rissho ankoku ron", el Daishonin señala: "Digo todo esto sólo por el bien de la nación, de la Ley y de los demás, no por mi propio bien" (The Major Writings of Nichiren Daishonin, vol. 2, pág. 52). Lo perseguían sin descanso, con total brutalidad, pero nunca lograban apagar la llama que ardía en su corazón con el deseo de salvar a sus semejantes.

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Volumen 2, página 103 (La sabiduría del Buda fomenta el florecimiento de la individualidad)

Lo importante es que la prédica del Buda comienza reconociendo la diversidad humana. “¿cómo puedo hacer para que cada persona logre manifestar su Budeidad, al margen de sus diferencias personales, de sus circunstancias, temperamento y capacidad?”. A partir de esta pregunta, el Sutra del loto, sin apartarse un milímetro de la “realidad” fundamental del individuo, esclarece el camino para que todos logren manifestar el estado de Buda.

El humanismo del Sutra del loto se reduce al principio de atesorar a cada individuo. Este es el corazón del Buda. El objetivo fundamental del Sutra del loto, que es la iluminación universal, comienza por atesorar al individuo y sólo puede llevarse a cabo mediante el firme respeto a este principio.

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Volumen 4, páginas 285 a 287 (El capítulo “Duración de la vida de El Que Así Llega”)

El capítulo "Duración de la vida de El Que Así Llega" (dieciséis, Juryo) del Sutra del loto describe al "Buda iluminado desde el tiempo sin comienzo", o "Buda eterno". ¿Quién es este buda? En su comentario sobre el fragmento del Sutra del loto que dice: "Desde que yo logré en verdad la Budeidad han transcurrido inmensurables, incontables cientos, miles, decenas de miles, millones de nayutas de kalpas", el Daishonin explica: "'Yo' representa a los seres vivientes del reino del Dharma. Con la palabra 'yo' se hace referencia a todos y a cada uno de los seres en los Diez Estados".

El "Buda eterno" del capítulo "Duración de la vida" se refiere a todos los seres vivientes. Todos somos "budas eternos". Las personas simples y comunes son budas tal como son, con la identidad que llevan consigo.

Entre seres humanos no hay distinciones ni jerarquías. Todos somos iguales; todos somos budas por igual. La única diferencia entre las personas tiene que ver con la medida en que, dentro de su corazón, tienen conciencia de que todos son budas. Desde el punto de vista del Budismo, esta es la única diferencia importante.

Un buda no es alguien que exhibe los treinta y dos rasgos distintivos o las ochenta características (5). Nuestra vida, en forma primigenia, es el Buda. El universo es, originariamente, el Buda. La aparición del Sol es función de la misericordia. La iluminación de la Luna es también esta misma benevolencia, como lo es la respiración maravillosa de las plantas verdes y de los árboles. El universo entero es una inmensa entidad viviente que lleva a cabo sus actividades, movida por una misericordia que data del tiempo sin comienzo y que se extiende al futuro eterno. Esta gigantesca entidad de benevolencia es el Buda eterno, y la vida de cada ser en los Diez Estados es inseparable de este Buda del capítulo "Duración de la vida". La fe en la Ley Mística es la clave que nos permite "regresar" a esta vida original.

El Daishonin señala claramente en el "Ongi Kuden" (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente): "El capítulo 'Duración de la vida' revela la vida original de todos los seres en los Diez Estados (6). A este capítulo se lo llama la enseñanza esencial, o honmon porque es el portal (mon) que conduce a la verdad de la eternidad (hon)".

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