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Intercambio cultural para la paz: Cuba

En última instancia, sea cual fuere la época, todo parte del ser humano; todo confluye en él. Si queremos tender puentes que sostengan un siglo de paz, tendremos que enfocar la mirada en el hombre. ¿Qué clase de individuos podremos forjar para el futuro? ¿Qué clase de vínculos unirán a los pueblos entre sí? (…) [R]econozco que es una tarea ardua, imposible de lograr sin perseverancia y dedicación constante. Y, además, da frutos que sólo se aprecian al cabo de un largo tiempo.1--Daisaku Ikeda

Encuentro con Fidel Castro, presidente de Cuba (La Habana, junio de 1996)

En junio de 1996, Ikeda viajó a Cuba y se reunió con el presidente Fidel Castro y con diversas figuras culturales y académicas del país.

Poco antes de su visita a la nación caribeña, Ikeda había viajado a los Estados Unidos. Las relaciones entre Cuba y la nación del norte estaban entonces en un punto bajo y se habían endurecido las sanciones económicas. Había en ciernes una sensación de que se produciría una segunda crisis cubana. No era de extrañar, por lo tanto, que los planes de Ikeda de visitar Cuba hubieran despertado tanta oposición. Él, sin embargo, estaba resuelto a ir, pues pensaba que podría hacer propicia la oportunidad para lograr un cambio positivo en la tensa situación. Quien se mostró interesado y decidió apoyar el proyecto de Ikeda fue el ex secretario de estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, a quien Ikeda había conocido mientras estaba en ese país.

Pese a una oposición considerable, Ikeda viajó a La Habana en 1996.

Pese a una oposición considerable, Ikeda viajó a La Habana en 1996.

Ikeda obtuvo un cálido recibimiento en Cuba. Durante su estadía, recibió la Orden Félix Varela de Primer Grado de la República de Cuba y el doctorado honorario de la Universidad de La Habana. El presidente Castro, en una actitud inusual, llevaba un traje, en lugar de su uniforme de fajina, durante su encuentro con Ikeda. Los dos se embarcaron en una larga conversación, cuyo contenido nunca fue dado a conocer.

Si Ikeda tuvo la virtud de actuar como mediador en esa situación fue gracias a los lazos de confianza. El establecimiento de lazos de confianza con las personas implica un enorme esfuerzo. Pero Ikeda conoce el poder que tienen las relaciones que se crean en los campos de la cultura y de la educación para desarrollar esa clase de confianza.

Ikeda fue invitado a visitar Cuba por las autoridades gubernamentales de dicho país, a través del embajador de Cuba en Japón, Eduardo Delgado Bermúdez. La propuesta de viaje había surgido en dos oportunidades, a razón de la labor que Ikeda había llevado a cabo durante la década de 1980 y de 1990 para impulsar los intercambios educativos y culturales entre ambos países.

Dichos intercambios comenzaron en 1987, cuando la Asociación de Conciertos Min-On, establecida por Ikeda, invitó a músicos cubanos a actuar en Japón. La respuesta entusiasta del público incentivó la presentación de nuevos espectáculos de música y danza cubana en la nación nipona.

La presentación del Ballet Nacional de Cuba en Japón, en 1991, se concretó mediante la participación de la Asociación de Conciertos Min-On, fundada por Ikeda.

La presentación del Ballet Nacional de Cuba en Japón, en 1991, se concretó mediante la participación de la Asociación de Conciertos Min-On, fundada por Ikeda.

Posteriormente, el embajador Delgado Bermúdez fue invitado a dar una charla en la Universidad Soka de Tokio y, en 1995, una delegación de la División de Jóvenes de la Soka Gakkai visitó Cuba. Al año siguiente, se firmó un acuerdo de intercambio entre la Universidad Soka y la Universidad de La Habana.

Los intercambios entre el Museo de Bellas Artes Fuji de Tokio, también fundado por Ikeda en 1983 para promover las relaciones culturales recíprocas, y el Museo Nacional de Cuba conformaron una nueva faceta de los lazos bilaterales, gracias a lo cual se concretaron las exhibiciones “Obras maestras del Museo Nacional de Cuba: Pinturas españolas y cubanas del siglo XIX” y “Tesoros del arte japonés”.