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Ciudadanos globales y los imperativos de la paz

“La sociedad de hoy enfrenta un sinfín de crisis, todas simultáneas e interrelacionadas. Entre ellas forman fila las guerras, la destrucción ambiental, la brecha de desarrollo entre el Norte y el Sur, las divisiones de naturaleza étnica, religiosa o idiomática… Es una lista larga y familiar; reconozco que el camino hacia las soluciones puede parecer demasiado remoto y que, a fuerza de escollos, termina por intimidar aun al más optimista. No obstante, me permito decir que en la raíz de todos estos problemas se halla una imposibilidad colectiva: la de poner al ser humano y a la felicidad del hombre en el centro de todas las empresas y en la meta de todas las actividades. El hombre es el punto al cual debemos regresar y es, al mismo tiempo, la línea de partida infalible de cada nueva travesía. En síntesis, lo que hace falta es la transformación en el seno del hombre; una revolución humana.” (1) -- Daisaku Ikeda [Leer texto completo]

Graduación de la Universidad Soka de los Estados Unidos (Mayo, 2007)

Ceremonia de graduación para la promoción del 2007 de la Universidad Soka de América (Aliso Viejo, California, mayo 2007)

Uno de los enfoques centrales de los esfuerzos realizados por Ikeda en aras de la educación ha sido la promoción de la ética de una ciudadanía mundial. La educación para la ciudadanía mundial es una educación promotora de un sentido de pertenencia y responsabilidad hacia una comunidad humana global. Se trata de una “preocupación genuina por la paz y la prosperidad del mundo” basada en la conciencia sólida por la humanidad que compartimos. Al fin y al cabo, la falta de este tipo de empatía es lo que propicia las guerras.

El ideal por una ciudadanía mundial está presente en todas las instituciones educativas que ha fundado Ikeda, pero tal vez se haya conseguido más claramente a través de la creación de la Universidad Soka de América, con énfasis en la diversidad global del cuerpo estudiantil y su programa obligatorio de aprendizaje de un segundo idioma y de estudio en el extranjero, así como en su programación básica.

La importancia que se da al intercambio de estudiantes internacionales en la Universidad Soka en Japón, refleja este mismo principio de globalización. En 1975, la Universidad Soka fue la primera institución japonesa de educación superior en acoger a estudiantes de intercambio chinos siguiendo la reanudación de las relaciones diplomáticas oficiales entre ambos países en 1974. Actualmente, el programa de intercambio de la universidad es el más diverso en Japón, con más de 200 universidades en más de 50 países.

El ideal de la ciudadanía mundial es uno que también inspiró la visión educativa de Makiguchi. A lo largo de su carrera, Makiguchi siguió comprometido con la idea de que la educación debía incentivar simultáneamente, el sentido de ser ciudadanos de una comunidad local, de la sociedad nacional y del mundo. Esta filosofía contrastaba fuertemente con el adoctrinamiento ultranacionalista que moldeó cada vez más la educación japonesa en los años treinta y cuarenta.

La convicción de Ikeda en la necesidad de tal conciencia global fue moldeada por su propia experiencia amarga de la guerra y por la deshumanización radical de otros pueblos en la que siempre se ha basado la guerra.

En un discurso en la Facultad de Educación en la Universidad de Columbia, Ikeda describió las siguientes tres características de un ciudadano mundial:

  • Sabiduría para percibir la trama de vínculos indisolubles que mantienen unidas todas las formas de vida.
  • Valentía para no temer las diferencias ni negarlas, y también para respetar y tratar de comprender a las personas de diferentes culturas, y crecer a partir del contacto con ellas.
  • Solidaridad (o amor compasivo) para cultivar una empatía que vaya más allá del ambiente inmediato y abarque a los que sufren en lugares remotos.

Reflejando estas ideas, Lawrence E. Carter, (padre), deán de la Capilla Internacional “Martin Luther King (h)” de la Universidad Morehouse escribe: “La democracia florece solo cuando la gente está esclarecida, puede dialogar y cooperar, a pesar de las diferencias, y construir una sociedad llena de esperanza que apunte hacia el objetivo último de una coexistencia pacífica. El planteamiento educativo de Ikeda resulta crucial para que los educadores de todos los niveles comencemos a transformar nuestro espíritu y a realizar cambios acordes en la política pública”. (2)

Describiendo su visión para la Universidad Soka de América, Ikeda expresa su deseo de que “todos los que estudien aquí puedan cultivar y perfeccionar la fortaleza interior necesaria para traducir cualquier tipo de conocimientos en valores sólidos, y crear, como ciudadanos del mundo, la paz y la felicidad de todos los hombres.” (3)