a+ a- print

Entrevista al profesor Stuart Rees
2 de mayo de 2025

[Lo que sigue es un extracto de una entrevista realizada por el Seikyo Shimbun a Stuart Rees, profesor emérito de la Universidad de Sídney, Australia, publicada el 2 de mayo de 2025. En ella, el doctor Rees reflexiona sobre su encuentro con Daisaku Ikeda y además transmite sus ideas sobre los fundamentos éticos necesarios para construir una paz justa y duradera en el mundo actual. Esta versión incluye comentarios adicionales que no figuraban en la publicación original en japonés].

Seikyo Shimbun: Hoy en día nuestro mundo se enfrenta a una serie de apremiantes desafíos: conflictos armados, violaciones de los derechos humanos, el auge de los movimientos de extrema derecha y la inestabilidad de los mercados financieros. ¿Cómo ve la actual situación mundial y qué hay, según su opinión, en la raíz de estos desafíos?

El profesor Stuart Rees reflexiona sobre su encuentro con Daisaku Ikeda y la creación de una sociedad justa y pacífica.

Prof. Stuart Rees

Prof. Stuart Rees: En efecto, vemos un deterioro de los estándares éticos en muchas partes del mundo. Todo parece reducirse al interés egoísta: las personas o las naciones solo se preocupan por sí mismas. La desigualdad es uno de los principales factores de inestabilidad, aunque no considero que el problema sea puramente económico. Hay una cuestión cultural más profunda en juego que distorsiona nuestra visión y nos lleva a creer que el poder significa dominio, y que el éxito consiste en tener más ─más riqueza, más armas, más control─. Esta mentalidad fomenta la competencia en lugar de la cooperación y determina nuestra forma de hablar, cómo nos comportamos y nos tratamos unos a otros.

Suelo decir que hay dos tipos de poder: el coercitivo cuyo objetivo es dominar o reprimir; y el enriquecedor que busca proteger la dignidad, fomentar la solidaridad y apoyar a las personas para que lleven una vida significativa. El problema es que perseguimos demasiado al primero y muy poco al segundo. Por eso sigo insistiendo en que la paz debe basarse en la justicia.

Seikyo: La paz basada en la justicia es una idea que usted ha destacado durante mucho tiempo. ¿Podría explicar qué significa y por qué es una premisa vital para la paz duradera?

Rees: No puede haber paz si se silencia a las personas o se ignoran sus necesidades y derechos básicos. La paz verdadera va más allá de la ausencia de guerra.

Debe servir de base para mejorar tu vida psíquica, física, cultural y espiritualmente. Ese es el tipo de paz por el que vale la pena luchar. Hablar de justicia es hablar de la calidad de nuestra vida. ¿Tienes acceso a una buena educación? ¿Tienes acceso a una buena asistencia sanitaria? ¿Tienes acceso a un empleo productivo? ¿Vives en un mundo sin discriminación? Estos son los verdaderos componentes de la paz. Por lo tanto, no se trata simplemente de la ausencia de violencia sino de una paz basada en la justicia.

La paz sin justicia es, en cierto sentido, edificar sobre arena. El Tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial, detuvo los disparos y el derramamiento de sangre y trajo la apariencia de paz. Sin embargo, debido a que sus términos eran punitivos e injustos, finalmente sembró las semillas de la siguiente guerra. Tanto sus valores como el lenguaje eran inadecuados.

Por el contrario, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, creada tras dos guerras mundiales, es un claro ejemplo del poder de mejorar la vida: una declaración global que simboliza y afirma la dignidad y la igualdad inherentes a todas las personas. En un momento en el que el autoritarismo está en auge y las sociedades están cada vez más divididas necesitamos más que nunca ese tipo de ética compartida.

Seikyo: En nuestro mundo dividido nunca ha sido tan crucial el esfuerzo por comunicarnos a pesar de las diferencias. Sin embargo, ¿cómo podemos restaurar la dignidad y establecer conexiones en situaciones en las que el diálogo parece imposible?

Rees: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que consta de treinta artículos, proclama la dignidad de todos los seres humanos independientemente de su raza, género, religión u otras diferencias. Expresa con precisión el espíritu del diálogo, un lenguaje de no violencia destinado a superar la división y la discriminación.

En mi experiencia, el diálogo significativo, especialmente cuando el conflicto es profundo, no comienza con la discusión sino con el respeto. Puede parecer obvio, pero no siempre es fácil cuando te enfrentas a alguien con un punto de vista completamente diferente. Todo comienza por reconocer la dignidad de la persona que tienes frente a ti.

He estado en zonas de África y Oriente Medio donde la tensión es muy alta y me he reunido con líderes militares que probablemente no esperaban que el diálogo fuera posible. Empecé a hacer preguntas como: «General, ¿qué tipo de música le gusta?» o «¿cuántos hijos tiene?». Estas preguntas abrieron una conexión básica en el plano humano. Yo la llamo «la promesa de la biografía». Una vez que sabes algo sobre la historia de una persona, resulta más difícil reducirla a una etiqueta o una función.

Por eso soy crítico con las políticas exteriores basadas en la humillación o la exclusión. ¿Cuándo ha dado lugar a la paz el hecho de acorralar a las personas y negarse a comunicarse con ellas? ¿En qué momento alguien ha dicho: «Gracias por humillarme; ahora cambiaré por completo y me convertiré en lo que tú quieres»? Las personas responden a la sinceridad. Cuando se sienten respetadas, cuando perciben que se las toma en serio, es más probable que quieran responder de la misma manera.

Esto me recuerda una cita que a menudo se atribuye al escritor y filósofo francés Voltaire: «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Para mí esa frase cristaliza el espíritu del diálogo: no significa estar de acuerdo con todo sino creer que debemos escuchar a la gente.

Soy uno de los pocos occidentales que se ha sentado con los líderes de Hamás. Hablamos sobre la estructura del gobierno. Hablamos sobre la situación de las mujeres. Es cierto que fue a través de un intérprete debido a que no hablo árabe. Pero durante esa hora hubo una verdadera sensación de conexión. Son seres humanos como tú y como yo. El diálogo en su mejor expresión no se limita al intercambio de información, tiene que ver con los sentimientos. Se trata de hacer preguntas: «¿Qué es lo que te inspira?, ¿es una pieza musical?, ¿un estilo arquitectónico?, ¿cuál es tu plato favorito?». Estas no son preguntas secundarias. Son la trama misma de las relaciones humanas. Y sí, el humor también importa. El humor cuando no es cruel invita a compartir un momento de comprensión. Puede cambiar la energía del lugar.

Seikyo: Una clave para cultivar la conexión desde las diferencias es si nosotros mismos podemos convertirnos en personas capaces de respetar a los demás. Esta transformación interior que se enfoca hacia adentro, también fue un tema recurrente en sus conversaciones con el señor Ikeda.

Rees: Uno de los principales retos del mundo actual es que muchos de nosotros vivimos constantemente a toda prisa, como si la existencia fuera una competición de resistencia o de éxito material. Con ese estilo de vida cada vez es más difícil detenerse y reflexionar sobre nosotros mismos. No obstante, la reflexión es esencial. Los problemas comienzan en el momento en que creemos que tenemos todas las respuestas o que estamos por encima de las críticas. Por eso siempre digo: la humildad es la base. Sin ella no hay espacio para el crecimiento ni la paz. La transformación interior comienza con la voluntad de detenernos y reconocer lo poco que realmente sabemos.

Ahí es donde veo un fuerte paralelismo con el mensaje del presidente Ikeda. Sus escritos y su liderazgo han enfatizado constantemente que la paz duradera comienza en el corazón. Se trata de transformar la manera en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás, no como adversarios, sino como semejantes. Ese cambio requiere valentía e imaginación.

También creo que la verdadera educación fomenta ese cambio interior. No se trata solo de títulos o eficiencia sino de empatía, conciencia y personalidad. He visto este enfoque en las escuelas Soka de Japón, así como en los campus de la Universidad Soka en Japón y Estados Unidos. No son solo lugares para el aprendizaje formal, son espacios donde se cultivan la música, el arte, el diálogo y la alegría. Lo que yo llamaría «un lenguaje no violento de la cultura».

Las iniciativas del presidente Ikeda que comprenden desde colecciones de poesía hasta bibliotecas musicales y museos, reflejan su convicción de que la educación es una búsqueda humanística por toda la vida. Y creo que ese es el verdadero objetivo de la educación: no solo impartir conocimiento, sino inspirar el sentido de la responsabilidad. No solo preguntarse «¿cómo puedo tener éxito?», sino también «¿cómo puedo contribuir a un mundo más humano?».

Seikyo: Usted se reunió con el señor Ikeda en cuatro ocasiones y fue coautor del diálogo Peace, Justice, and the Poetic Mind: Conversations on the Path of Nonviolence (La paz, la justicia y la mente poética: conversaciones sobre el camino de la no violencia). ¿Cómo evaluaría las contribuciones de su interlocutor a la paz?

El profesor Stuart Rees se reunió con Daisaku Ikeda cuando este fue reconocido por la Fundación para la Paz de Sídney por sus contribuciones a la paz y los derechos humanos.

El profesor Rees se reunió con el señor Ikeda cuando este fue distinguido por la Fundación para la Paz de Sídney por sus contribuciones globales a la no violencia y a la educación en derechos humanos (Tokio, abril de 2009)

Rees: Fue un privilegio tener la oportunidad de conocerlo. Me encontré con un ser humano absolutamente fascinante, dotado de una mente poética que entretejía como en un tapiz la justicia, el amor, las artes y la humanidad. Había una especie de química en nuestras conversaciones, algo que apelaba no solo a la razón, sino también a la imaginación y a la conciencia.

Existe una célebre cita del poeta inglés Percy Bysshe Shelley: «Los poetas son los desconocidos legisladores del mundo». Lo que quería decir es que los artistas iluminan lo que realmente importa a la humanidad, despiertan la empatía y amplían nuestro horizonte moral. El señor Ikeda entendía esto profundamente. Su visión de la paz era inseparable de la poesía, las artes y la riqueza emocional de la vida cotidiana.

Puede que no todo el mundo conecte con la poesía en el sentido tradicional pero su espíritu se puede encontrar en cómo vivimos, hablamos y cuidamos a los demás. No es necesario escribir poesía para vivir poéticamente. Lo poético puede manifestarse en actos cotidianos de generosidad, en la calidez de la hospitalidad o en el coraje de ayudar a desconocidos en momentos de adversidad. Incluso políticas como el seguro médico universal, que extiende la atención a personas que quizá nunca conozcamos, reflejan una especie de poesía: un espíritu de compasión que trasciende la familiaridad. Este tipo de poesía se vive: es multidimensional, abierta y está dispuesta a ver más allá de lo predecible.

La SGI tiene una historia de coraje moral. Sus tres presidentes, Tsunesaburo Makiguchi, Josei Toda y Daisaku Ikeda, se mantuvieron firmes en sus creencias y se enfrentaron a la persecución. Makiguchi incluso fue encarcelado y murió por resistirse al militarismo de su época. Eso requiere convicción, característica que rara vez vemos hoy en día. En la vida pública tiene que haber valentía. A menudo es una cualidad que brilla por su ausencia. Demasiados líderes esperan a ver por dónde sopla el viento, evitan el riesgo. Pero la conciencia no es algo que pueda delegarse: hay que vivirla.

Cuando pienso en el legado de Daisaku Ikeda, lo primero que me viene a la mente es su contribución a la paz, especialmente su firme defensa de la abolición nuclear que es profundamente humana. No solo apeló a las instituciones, sino que se dirigió a los ciudadanos comunes, fomentando la concienciación y la solidaridad públicas.

Tenía asimismo una profunda fe en el papel de las Naciones Unidas, no como una institución perfecta, sino como una plataforma esencial para promover el diálogo y la cooperación. También estaba hondamente comprometido con la cuestión del cambio climático, reconociéndola como el reto determinante para el futuro de la humanidad. Para él la necesidad de proteger y preservar nuestro precioso entorno natural no era solo una cuestión de ciencia o política, sino que, en última instancia, era una responsabilidad ética, arraigada en nuestra humanidad compartida.

En mi propio trabajo he pasado mucho tiempo con comunidades indígenas. He aprendido su creencia de que el medio ambiente no está separado de nosotros ─es parte de quien somos─. Esa idea, la de la interconexión, resuena con el pensamiento budista y con el mensaje del presidente Ikeda. No se trata de control sino de administración y responsabilidad compartida.

Daisaku Ikeda dedicó s vida a construir una paz basada en la justicia. Creo que cada uno de sus esfuerzos constituye un legado espiritual que brillará en los anales de la historia de la humanidad.

Seikyo: La Soka Gakkai desde hace mucho tiempo sitúa en el centro de su movimiento por la paz el diálogo en la base social. Desde su perspectiva, ¿cómo ve el compromiso continuo de la organización con la paz y su papel en el actual contexto global?

Una reunión de diálogo local de la SGI de Australia en noviembre de 2023.

Una reunión de diálogo de la SGI de Australia (Melbourne, noviembre de 2023)

Rees: Siempre he admirado la dimensión cultural del trabajo de la Soka Gakkai. Las reuniones son más que simples lugares de diálogo. Hay música, poesía y alegría. Para mí, ese es el verdadero lenguaje de la paz. Y el presidente Ikeda lo entendía profundamente. Él veía que la paz no es solo la ausencia de guerra: es la presencia de la cultura, la creatividad y la conciencia.

Y también me animan los jóvenes que conozco en la Soka Gakkai, que están llenos de esperanza y aspiración. Eso me da confianza en el futuro.

En una época marcada por el conflicto y la división este tipo de comunidad de valores ofrece algo diferente: una fuerza serena, una enseñanza en la no violencia y un recordatorio de que el cambio más duradero suele comenzar en los espacios más pequeños, entre dos personas, en una conversación o compartiendo una comida, y desde ahí se expande hacia afuera.

Seikyo: Usted a menudo ha destacado la importancia de la conexión y el propósito compartido. ¿Qué le parece la idea de que los grupos y comunidades pequeños puedan propiciar una transformación social?

Rees: Los estudiantes con frecuencia me preguntan: «¿Qué puedo hacer?». Y yo les digo generalmente: «No creo que puedas hacer mucho por tu cuenta. Pero si trabajas con una o dos personas más, podrás lograr mucho». Por supuesto, para conseguir un cambio significativo se necesita una visión clara y un sentido de propósito. Pero todo comienza con conversaciones amenas y breves, y un poco de valentía.

El primer paso hacia el cambio es superar el fatalismo, esa resignación ante la idea de que nada de lo que hagamos alcanzará para cambiar las cosas. Yo también lo siento, sobre todo cuando pienso en las tragedias que hoy se viven en Medio Oriente. Pero si dejamos que nos domine ese sentimiento, incluso levantarnos de la cama por la mañana puede parecer imposible. Por eso buscamos la esperanza cada día, aunque sea en forma de la más pequeña victoria.

En ese sentido, la comunidad brinda un apoyo enorme. Cuando era director del Centro de Estudios para la Paz y los Conflictos de la Universidad de Sídney teníamos estudiantes de todo el mundo. Y aun en medio del trabajo más serio encontrábamos alegría. Eso es importante. Suelo decir que todo movimiento que valga la pena construir también debe ser una fuente de alegría. Si no genera conexión y energía, no perdurará. Eso mismo he visto en los encuentros de la Soka Gakkai. Hay música, comida y hospitalidad. No es superficial: es una cultura que eleva a las personas. La Soka Gakkai no es solo un grupo de personas con ideas afines. Es una comunidad ética, personas que viven sus valores y se apoyan mutuamente para actuar en consecuencia.

Las conversaciones en grupos pequeños, como la que estamos teniendo ahora mismo, se sostienen en todas las comunidades de la Soka Gakkai del mundo. Y son valiosas. Además, no se limitan al ámbito local. Lo que comienza como una amistad a menudo evoluciona hacia una responsabilidad global.

El presidente Ikeda entabló diálogos por todo el mundo encontrándose con pensadores, artistas y activistas de diferentes culturas e ideologías. Nos mostró cuánta fuerza puede alcanzar el diálogo basado en el respeto mutuo. Es un legado que seguirá siendo una fuente de profunda inspiración durante mucho tiempo.

Stuart Rees (Inglaterra, 1939) es profesor emérito de la Universidad de Sídney y exdirector de la Fundación para la Paz de Sídney. Ha participado en labores humanitarias y de asistencia social en varios países, entre ellos Reino Unido, Canadá, India y Sri Lanka. También es el fundador del Centro de Estudios para la Paz y los Conflictos de la Universidad de Sídney, y ocupó el cargo de director durante dieciocho años. Entre sus obras más destacadas se encuentran Human Rights, Corporate Responsibility: A Dialogue (Derechos humanos y responsabilidad corporativa: un diálogo); Passion for Peace: Exercising Power Creatively (Pasión por la paz: ejercer el poder de forma creativa) y la antología poética Tell Me the Truth About War (Dime la verdad sobre la guerra). En 2005, fue galardonado con la Orden de Australia por sus contribuciones a las relaciones internacionales.

Comparte esta página con

web share