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Universidad de Illinois del Sur de Carbondale, Estados Unidos
JUN 06, 2006 – Doctorado Honorario en Letras Humanas

Doctor Walter V. Wendler
Presidente de la Universidad de Illinois del Sur de Carbondale

La ilustre trayectoria del señor [Daisaku] Ikeda comprende una vasta labor para promover el diálogo internacional, las actividades en bien de la paz y el amplio acceso a la educación en los niveles primario, secundario y universitario.

Su obra filosófica muestra la influencia de grandes educadores, entre ellos, John Dewey. Y debo mencionar que el Centro de Estudios sobre Dewey de la Universidad de Illinois del Sur de Carbondale, presidido por el profesor Larry Hickman, está complacido de que el señor Ikeda aprecie la filosofía y las cualidades de John Dewey.

Daisaku Ikeda ha recibido el reconocimiento de numerosas instituciones y organizaciones, por su visión, su amor compasivo hacia el género humano y sus esfuerzos para transmitir esperanza y sabiduría. Él es un paladín de los derechos y la igualdad de las mujeres y las minorías; y comprende el peligro que implica ignorar los problemas ambientales.

Cada año, son pocas las personas que reciben títulos honorarios de la Universidad de Illinois del Sur de Carbondale. Es un privilegio para los individuos que han efectuado verdaderas contribuciones al mundo, creando amplias oportunidades para los demás o realizando aportes específicos a la educación superior y a áreas profesionales concretas. Un comité universitario evalúa cuidadosamente las nominaciones para este distinguido reconocimiento, y sus recomendaciones llegan luego a mis oficinas (del rectorado). Luego de mi aprobación (en calidad de presidente), las nominaciones deben ser también aprobadas por el titular máximo de nuestro sistema universitario y, posteriormente, por la totalidad de nuestra junta administrativa.

Nos complace sobremanera que la junta administrativa, durante la sesión de marzo de este año (2006), haya aprobado de modo unánime el otorgamiento de este grado honorario. Somos afortunados por haber recibido una invitación del señor Ikeda para realizar en Japón esta importante ceremonia.

[…]

En cada generación, existen solo unos pocos hombres y mujeres que dejan una marca tan indeleble, que logran transformar el futuro gracias a sus esfuerzos. El señor Ikeda es uno de esos hombres. Como presidente de la Soka Gakkai Internacional y presidente honorario de la Soka Gakkai, ha abierto las puertas de la educación a millares de personas […]

El señor Ikeda manifiesta una auténtica preocupación por nuestro mundo. Comprende que la paz, el arte y la igualdad están estrechamente vinculados a la educación, y que esta combinación contribuye al progreso del mundo. No sería inapropiado comparar su visión con la que tuvieron líderes que respetamos y siempre recordamos, como Gandhi, la Madre Teresa y Martin Luther King (h). El señor Ikeda tiene la capacidad de enfocar problemas y cuestiones a escala mundial. Y sabe que de la educación y la comunicación, surgen el entendimiento y la armonía […]

El señor Ikeda es en verdad alguien que cree que la educación es aceptable solo cuando facilita y alienta el aprendizaje permanente. La educación se concreta a través de la vida misma: nuestras experiencias en el hogar, la escuela y el lugar de trabajo nos llevan a la verdad y al conocimiento, si abrimos nuestra mente a todas las posibilidades.

La generosidad del señor Ikeda, su inteligencia y su espíritu han creado armonía en un mundo sumido en la desarmonía. Su comprensión de nuestros sueños de paz, de una vida y de un mundo mejor continúa inspirando a miles de personas a lo largo y a lo ancho de cada continente de nuestro planeta.

El es un hombre de su tiempo y adelantado a su tiempo. Vive en una de las épocas más polémicas de la historia. Hoy somos capaces de aniquilar nuestro mundo en un segundo, pero al mismo tiempo, de desarrollar un profundo entendimiento, de tender una mano y de hacer de la vida algo mejor para nuestros hermanos y hermanas, que luchan diariamente contra el hambre, la pobreza, las rencillas, la guerra, la discriminación y la soledad. El señor Ikeda ha dedicado su existencia a ayudarnos a concretar una vida mejor, un mundo mejor […]

El destino depende de quienes comprenden que nuestras elecciones, más allá de nuestras circunstancias, pueden establecer una verdadera diferencia. El señor Ikeda lo comprende muy bien. No es usual en ninguna generación, encontrar a un hombre común, que enfoque con tanta claridad las cuestiones globales. El señor Ikeda lo ha hecho, y, gracias a sus ingentes esfuerzos, nuestro mundo y nuestra vida son mejores.