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Dar continuidad a la cultura de diálogo que nos han legado Wahid e Ikeda

[El 15 de noviembre de 2025 se cumplió el segundo aniversario del fallecimiento del presidente Daisaku Ikeda. Abdurrahman Wahid (1940-2009), cuarto presidente de Indonesia (ejerció el cargo entre 1999 y 2001), sigue siendo muy querido y respetado por el pueblo. Mantuvo un fecundo intercambio espiritual con Ikeda, con quien fue coautor del diálogo The Wisdom of Tolerance: A Philosophy of Generosity and Peace (La sabiduría de la tolerancia: una filosofía de generosidad y paz, traducción tentativa). El diario Seikyo Shimbun entrevistó a la ex primera dama Sinta Nuriyah, quien observó de cerca la vida y la labor de su marido. La conversación se publicó en la edición del 14 de noviembre de 2025. (Entrevistadores: Kenichi Ono y Tetsuya Ishizuka)]

La ex primera dama de Indonesia Sinta Nuriyah reflexiona sobre el legado compartido de diálogo, humanismo y paz de Abdurrahman Wahid y Daisaku Ikeda

Sinta Nuriyah, ex primera dama de Indonesia

Seikyo Shimbun: En Indonesia, el país con la mayor población musulmana del mundo, el expresidente Abdurrahman Wahid (1940-2009) encarnaba el ideal de la coexistencia religiosa y era querido por mucha gente. Durante largos años, usted lo apoyó de manera constante. Incluso después de su fallecimiento en diciembre de 2009, sus ideales han seguido difundiéndose y cosechando un firme respaldo. Usted estuvo presente en la reunión entre Daisaku Ikeda y el expresidente Wahid en abril de 2002, y desde entonces ha fortalecido sus vínculos con la organización de diferentes maneras, entre ellas con su participación en diversos actos de la Soka Gakkai de Indonesia.

Ex primera dama Sinta Nuriyah: Gus Dur (apelativo cariñoso con el que se conocía al expresidente Wahid) llevaba mucho tiempo deseando conocer al señor Ikeda. Leyó y releyó el libro Elige la vida: Diálogo entre Arnold J. Toynbee y Daisaku Ikeda, con la esperanza de que algún día pudieran encontrarse.

Al trascender la mentalidad egoísta de «mientras yo esté bien, lo demás no importa», uno toma conciencia de que forma parte del género humano y del universo. Ahí reside el verdadero papel de la religión. Gus había grabado profundamente en su corazón la filosofía expuesta en ese diálogo.

También me causó una gran impresión ser testigo directo de la confianza que depositaba en el señor Ikeda.

Tras reunirse con él en 2002, Gus Dur renovó su determinación de dedicar el resto de su vida a la gente, con absoluta entrega. A partir de aquel encuentro, trabajó con mayor vigor aún por la felicidad de los demás.

Seikyo Shimbun: El expresidente Wahid fue el primer mandatario indonesio elegido mediante procedimientos democráticos desde la independencia de Indonesia. También fue líder de Nahdlatul Ulama, la organización islámica más grande del país, con más de noventa millones de miembros. ¿Cuáles fueron las convicciones fundamentales que lo guiaron?

Nuriyah: Valorábamos sobre todo tres principios: humanidad, tolerancia y democracia. Nos enfrentamos a múltiples retos, como presiones políticas, malentendidos, amenazas e incluso actos de terrorismo. La vida de Gus Dur corrió peligro en repetidas ocasiones. Sin embargo, independientemente de las circunstancias, nunca renunciamos a estos tres valores.

No renunciamos porque creíamos que constituían el fundamento mismo de la unidad nacional y la armonía de Indonesia. La humanidad es, al mismo tiempo, uno de los principios rectores de la nación y el núcleo de nuestra fe. En las enseñanzas del islam el respeto a la dignidad humana también se considera la virtud más elevada. Por eso nos comprometimos a defender esos tres valores a lo largo de toda nuestra vida.

Seikyo Shimbun: Usted ha llevado una vida modesta mientras se esforzaba incansablemente por la felicidad de las personas. ¿Cómo apoyó a su marido en medio de las turbulencias de la vida política?

Nuriyah: Mi principal empeño consistía en proteger a la familia. Para que Gus Dur pudiera dedicarse con tranquilidad a sus funciones públicas, procuré mantener la calma en nuestro hogar y asegurarme de que nuestras hijas se desarrollaran en un entorno saludable. Incluso cuando atravesábamos dificultades económicas, me esforzaba por no mostrar mi inquietud. Siempre les decía a nuestras hijas: «Son bendecidas». De ese modo, Gus Dur podía concentrarse en sus responsabilidades sin distracciones. Ese fue el mayor apoyo que pude ofrecerle y la misión que asumí.

Seikyo Shimbun: En 1998, el expresidente Wahid sufrió un derrame cerebral que le causó la pérdida de la vista. Usted, por su parte, lleva en silla de ruedas desde un accidente de tráfico ocurrido en 1993. ¿Cómo ha afrontado y superado estos desafíos?

Nuriyah: Siempre he recurrido a Alá en la oración y le he confiado todo. «Si hacemos lo correcto, Alá sin duda nos mostrará el camino. Incluso si nos desviamos, él nos guiará de vuelta». Esta es la convicción que ha guiado mi vida. Por muy difíciles que sean las circunstancias, no me dejo atrapar por las limitaciones de mi propia manera de pensar. Primero recurro a Alá. Esta ha sido la fuente de mi fortaleza.

Gus Dur también aceptaba que «todo lo que Alá concede tiene un sentido». Se daba ánimo a sí mismo diciéndose: «Simplemente daré lo mejor de mí». Ni una sola vez lamentó su destino y siempre mantuvo la mirada puesta en el futuro, hasta el final.

El momento más difícil fue en 2001, cuando Gus Dur fue destituido de la presidencia en medio de fuertes presiones políticas. Fueron días realmente dolorosos. Sin embargo, le dije: «El cargo de presidente es algo concedido por Alá. Por lo tanto, la destitución también forma parte de su voluntad. Ahora es el momento de aceptarla de la mejor manera posible. Sin duda, más allá de esto, nos aguardan las bendiciones de Alá».

Gus Dur asintió en silencio. En ese momento, no dijo nada, pero unos días después, con un semblante más sereno y luminoso, afirmó: «Esta también es una misión que se me ha confiado». Luego, declaró que seguiría trabajando por la democratización. Recobró así el orgullo de dedicar su vida al pueblo.

Seikyo Shimbun: La filosofía del expresidente Wahid ha influido profundamente en la manera en que se ha configurado la diversidad religiosa en la Indonesia contemporánea. Su compromiso con el multiculturalismo ha atraído la atención internacional porque ofrece valiosas perspectivas para comprender cómo pueden convivir personas de diversos orígenes. A su juicio, ¿qué aspectos de su filosofía son más necesarios en la actualidad?

Nuriyah: Gus Dur creía que el diálogo confiere a las personas un «rostro humano». Esa convicción lo guió a lo largo de toda su vida. Durante su presidencia, un conflicto entre cristianos y musulmanes causó numerosas víctimas. Sin dejarse intimidar por el peligro, se trasladó de inmediato a la isla afectada. A pesar de recibir amenazas que advertían de la colocación de bombas, no se echó atrás. Como líder islámico, ofreció una sincera disculpa a los representantes cristianos y les pidió comprensión, insistiendo en que «solo mediante el diálogo podemos llegar a comprendernos de verdad».

Asimismo, procuró constantemente establecer relaciones con países y personas que se mantenían al margen de la religión. Todas las acciones de Gus Dur respondían a un único objetivo: salvaguardar el bienestar de la sociedad y la felicidad de la gente, y encontrar formas de tender puentes entre las personas. Eso era todo.

Seikyo Shimbun: ¿Qué ideales considera que compartían ambos interlocutores?

La ex primera dama de Indonesia Sinta Nuriyah reflexiona sobre el legado compartido de diálogo, humanismo y paz de Abdurrahman Wahid y Daisaku Ikeda.

El expresidente Abdurrahman Wahid y la ex primera dama Sinta Nuriyah junto a Daisaku Ikeda y su esposa, Kaneko Ikeda, en el Centro en Memoria del Presidente Makiguchi (Tokio, abril de 2002)

Nuriyah: Sin lugar a dudas, el «humanismo». Situar al ser humano en el centro, por encima de cualquier política o sistema: ese era su punto de partida en común. Más allá de la religión y la etnia, antepusieron el respeto al ser humano. No temer las diferencias, sino buscar puntos en común y tender puentes a partir de ellos: esa es la esencia del diálogo entre civilizaciones y el camino hacia la paz.

En la reunión que tuvo lugar en 2002, el señor Ikeda citó un proverbio indonesio: «Si se pierde el camino, vuelva al punto de partida», y afirmó: «Al igual que el islam, el budismo está orientado fundamentalmente hacia la paz. Tsunesaburo Makiguchi, presidente fundador de la Soka Gakkai, solía decir: “Cuando llegues a un callejón sin salida, vuelve al punto de partida”. El “punto de partida” al que la humanidad debe retornar ahora es la paz. Todas las religiones deberían cooperar en este único punto: la paz».

Seikyo Shimbun: Tras aquel encuentro, acordaron publicar su conversación en forma de libro, y prosiguieron el «diálogo entre el islam y el budismo» mediante un intercambio epistolar. Según tengo entendido, este se mantuvo hasta poco antes del fallecimiento del expresidente Wahid, en diciembre de 2009. En 2010 se publicó en japonés The Wisdom of Tolerance: A Philosophy of Generosity and Peace, que posteriormente se editó en ocho idiomas, incluido el indonesio.

Nuriyah: Algo que me causó una impresión especialmente profunda en el diálogo fue la palabra «civilización». Tanto para Gus Dur como para el señor Ikeda, la civilización no se definía por los edificios ni por la tecnología, sino por los propios seres humanos. Para ambos, comprender a los demás, respetarlos y convivir con ellos constituía, la esencia misma de la civilización. Cuando hay dignidad humana y compasión, incluso nuestras diferencias pueden ser una fuente de valor. Creo que esta filosofía es indispensable en el mundo actual.

Gus Dur se dedicaba con todo esmero a su intercambio de cartas con el señor Ikeda. Mientras recorría toda Indonesia, llegaban personas sin pausa, desde la mañana hasta la noche, buscándolo para reunirse con él. Así que, en realidad, el momento en el que podía preparar las cartas con mayor tranquilidad era en el hospital. Durante las aproximadamente tres horas de diálisis, aprovechaba con ilusión la oportunidad de redactar sus respuestas. Aunque esas sesiones le pasaban factura físicamente, también le proporcionaban la ocasión de diálogo profundamente gratificante.

La ex primera dama de Indonesia Sinta Nuriyah reflexiona sobre el legado compartido de diálogo, humanismo y paz de Abdurrahman Wahid y Daisaku Ikeda

Sinta Nuriyah visita una exposición dedicada a la amistad y los intercambios entre Abdurrahman Wahid (Gus Dur) y Daisaku Ikeda, celebrada bajo el lema «Diálogo de civilizaciones» en la mezquita Istiqlal. (Yakarta, Indonesia, 1 de octubre de 2025)

Seikyo Shimbun: El 1 de octubre de 2025 se inauguró en la mezquita Istiqlal de Yakarta una exposición titulada «Un diálogo de civilizaciones», que ponía de relieve la amistad y el intercambio entre el expresidente indonesio Abdurrahman Wahid y Daisaku Ikeda. Posteriormente la muestra se presentó en la Universidad de Indonesia y en otros espacios, hasta el 7 de noviembre, con una gran acogida.

Nuriyah: Me alegra enormemente que se haya celebrado una exposición que transmita el «diálogo del corazón» entre el señor Ikeda y Gus Dur. De todo corazón, espero que el espíritu del diálogo se transmita a las generaciones más jóvenes y siga encontrando eco en toda la sociedad.

Me parece que, con el paso del tiempo, su intercambio no ha hecho más que cobrar mayor relevancia. En un mundo sacudido por la confusión y la división, deseo sinceramente que el mensaje –«Entablemos un diálogo que ilumine el camino de unos y otros, para que podamos avanzar juntos, de la mano»– llegue a brillar en el corazón de cada persona. Su conversación es, en verdad, una «receta para el mañana»: una fuente de luz a través de la cual la humanidad pueda volver a reflexionar sobre lo que significa ser humano. Creo que mi misión es hacer todo lo que esté a mi alcance para que esta luz se transmita a la próxima generación.

Seikyo Shimbun: Sus cuatro hijas han seguido caminos orientados a la contribución social. ¿Cómo las educó?

Nuriyah: No seguí ningún método especial para educarlas, pero siempre tuve presente de que yo misma debía darles buen ejemplo. Quería que, al observarme, aprendieran –más por mis actos que por mis palabras– a ayudar a quienes sufrían o necesitaban apoyo. Los hijos no se crían con dinero, sino con la oración y el corazón.

Crecí como la mayor de dieciocho hermanos y, desde muy pequeña, aprendí a compartir con los demás. A partir de esa experiencia, llegué a la convicción de que la educación consiste en nutrir el corazón. Siempre he creído en la educación y en la fuerza de las mujeres.

Cuando viajo por distintos lugares y doy charlas, les digo a las madres jóvenes: «Su bondad y su paciencia transformarán la sociedad a través de sus hijos». La verdadera valentía reside en la bondad y la paciencia. Esa fortaleza encuentra su máxima expresión mediante la fe.

Hoy en día, el mundo está profundamente herido por la guerra y la división. Pero no he perdido la esperanza.

Si las mujeres unen sus corazones y fomentan el diálogo en sus comunidades, el mundo sin duda cambiará. El señor Ikeda y Gus Dur atesoraron a lo largo de su vida la convicción de que cada mujer debe afirmar su propia dignidad y hacer florecer plenamente su potencial interior. Este fue, además, el tema con el que concluyeron su diálogo.

La paz comienza en nuestro hogar. Comienza en nuestro propio corazón. La oración y la acción de una sola mujer transformarán con el tiempo la sociedad.

Seikyo Shimbun: ¿Cuál es el espíritu del exmandatario Wahid y del presidente Ikeda que debemos mantener vivo hoy en día?

Nuriyah: Respetarnos mutuamente y entablar un diálogo con esperanza en nuestro corazón: en eso se resume todo. Ambos compartían la convicción de que, si bien cada religión defiende sus propios principios, también debe preguntarse cómo puede contribuir a la paz y al bienestar de las personas y de la sociedad. No olvidar nunca ese punto de partida y seguir actuando sin miedo: esa es, creo, la misión que se nos ha confiado y el mayor regalo que podemos ofrecer al futuro.

Los esfuerzos de diálogo que los miembros de la Soka Gakkai llevan a cabo en todo el mundo constituyen una auténtica forma de expresar y transmitir el espíritu de paz. Gus Dur, yo misma y todos ustedes –que caminan junto al señor Ikeda– somos compañeros unidos por el propósito de difundir este espíritu de paz.

Oro desde lo más profundo de mi ser para que el espíritu de paz y tolerancia que nos legaron el señor Ikeda y Gus Dur siga vivo en el corazón de las personas y brille como una luz constante en la vida de cada persona. Rezo también para que se extienda una era de humanismo, en la que todas las personas, dondequiera que estén, puedan vivir con orgullo y alegría.

Sinta Nuriyah nació en 1948 en Jombang, Java Oriental. Es la viuda de Abdurrahman Wahid, cuarto presidente de Indonesia. Destacada activista por los derechos de la mujer, sufrió una parálisis de la cintura para abajo como consecuencia del accidente de tráfico ocurrido en 1993, pero ha seguido asumiendo su compromiso social con gran energía. Posteriormente, obtuvo una maestría en Estudios de la Mujer por la Universidad de Indonesia. En el año 2000, creó una fundación dedicada a la promoción de los derechos de las mujeres y la infancia. Ha trabajado activamente en favor del diálogo interreligioso y la igualdad de género. En 2018, la revista Time la incluyó entre las «100 personas más influyentes del mundo».

     
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