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Oración

La oración es el camino para destruir todos los miedos. Es la vía para erradicar la tristeza y de encender una luz de esperanza. Es la revolución que nos permite reescribir el guion de nuestro destino.
[Serie de ensayos «Mis viajes alrededor del globo: El mundo es mi hogar», Seikyo Shimbun, 10 OCT 2024]

La oración es invisible, pero si uno ora con toda tenacidad y convicción, sin falta los resultados se manifestarán de manera visible en su vida y en el mundo circundante. Es así en virtud del principio budista sobre la verdadera entidad de todos los fenómenos. Y la fe significa adquirir convicción en ese reino invisible.
[Aprendamos del Gosho, la eterna enseñanza de Nichiren Daishonin]

La oración es una práctica que alinea los engranajes de nuestra vida con el motor del universo. Esa vida que antes era abrazada pasivamente por el universo aprende a abrazar activamente al mundo, convirtiéndolo en un aliado, y a encauzar su estado de vida hacia la felicidad desde el nivel más profundo.
[Serie de ensayos «Mis viajes alrededor del globo: El mundo es mi hogar», Seikyo Shimbun, 10 OCT 2024]

La oración expresa un sentimiento de reverencia ante el universo, un respetuoso asombro ante una entidad más inmensa que nosotros. La oración trasciende los procesos lógicos, racionales y científicos; proviene de reconocer, intuitivamente, la relación, el lazo y la correspondencia que nos une como individuos al universo. Unir las palmas de las manos en oración es una de las actitudes humanas más nobles y dignas de respeto.
[Conversaciones sobre la juventud]

La oración implica el coraje de perseverar en la lucha por superar las propias debilidades y por revertir la falta de confianza en uno mismo. Es el acto de orar imprime en lo más hondo de la vida la convicción de que todo, sin falta, se puede cambiar.
[Serie de ensayos «Mis viajes alrededor del globo: El mundo es mi hogar», Seikyo Shimbun, 10 OCT 2024]

La oración no es un débil consuelo, sino una convicción potente, rotunda e incondicional. Y debe manifestarse en acciones concretas. Para decirlo de otro modo, cuando la oración es seria y sincera, sin falta se traduce en acciones.
[Aprendamos del Gosho, la eterna enseñanza de Nichiren Daishonin]

La oración no es un deseo difuso ni un ansia tibia; antes bien, debe expresar un compromiso firme y determinado. […] Las oraciones imbuidas de esta poderosa convicción se traducen en resultados infalibles, tal como el imán atrae al hierro.
[Serie de ensayos «Resplandor del siglo de la humanidad», Seikyo Shimbun, 8 ABR 2009]

La oración no transcurre en un plano lógico o intelectual; en verdad, trasciende ambos aspectos. Al orar, expresamos los deseos y esperanzas más potentes e imperiosos que laten en lo más hondo de nuestro ser y que ansiamos concretar.
[Conversaciones sobre la juventud]

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